jueves, 19 de diciembre de 2013

SOMOS EL MISMO.

 
 
¿Qué amas cuando amas? Amas el reflejo de tu alma en el alma de otro.
Alejandro Jodorowsky
 
Hace tiempo un amigo me decía en determinadas ocasiones: “lo que ves en los demás, que no te gusta, eso eres tú”. Por supuesto yo me aferraba a la negación, pero “como puedo ser yo así, calla, calla”. Pero ahora, como si se hubiera integrado en mi interior la convicción de la Totalidad, comprendo sus palabras, no quiero decir con eso que esto sea “la verdad”, pero es “mi verdad”, y me resulta una maravillosa experiencia sentirla.
Siento que los demás representan una parte de mí que no expreso, pero que tengo en potencia, por lo que se  manifiesta fuera para que sea capaz de reconocerlo y aceptarlo, como dualidad y así poder sanarlo ya que en el momento en que reconozca la característica del reflejo podré trabajar con ella.
 Cuando en una situación sintamos que algo resuena de forma desagradable en nuestro interior, intentaremos averiguar que parte de nosotros se está viendo afectada, que parte de nosotros está buscando salir de su escondite y manifestarse, y agradecer el intercambio, ya que la otra persona que en ese momento es un espejo de tu dualidad “escondida” también está, al mismo tiempo realizando un trabajo de parecidos intercambios de sanación.
El cambio de percepción es intentar ver al “otro” como una parte que tenemos que reconocer en nosotros mismos. Si nos molesta una persona, algo de nosotros nos está molestando y por supuesto la persona está sintiendo un rechazo similar. Ni una parte, ni otra están obrando correctamente si se apartan para evitar el sentimiento, lo correcto es unir estas disonancia mediante la comprensión y transmutando esa energía.
Cuando tenemos un sentimiento negativo y lo expresamos, bien con nuestra actitud o con nuestras palabras, estamos trasladando esa energía de nuestro campo energético al de la otra persona, pero no por eso lo liberamos, lo que ocurre es que este sentimiento está bloqueando nuestra energía, impidiendo que fluya libremente. Esa semilla que pones en acción contra otro, es sólo tuya y trasladarla de sitio sólo es una forma de que la reconozcas, porque de alguna forma te está haciendo daño. No se trata de disimular, ni de hacer como si nada pasase esperando que se solucione ese “atasco” que sentimos en nuestro interior, la solución es intentar identificarlo antes de materializarlo, dándonos cuenta de que es una dualidad que pretende bloquear nuestra identidad, pero que, está dentro de nosotros, por lo que podemos reconocerla y transmutarla. No somos ni “buenos” ni “malos”, si nos relacionamos con amor, creceremos en el amor, pero si nos damos cuenta de que no es así, tendremos que meditar y trabajar con los límites que ponemos entre nosotros y el “otro”, porque solo son barreras que nos ponemos a nosotros mismos, representando un lugar de nuestra consciencia donde nos dividimos y representamos la dualidad. Todo está en nosotros; no hay nada fuera, ya que el “otro” solo es una parte nuestra que espera en la sombra a que le llegue la Luz.
Carmen.

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