lunes, 31 de mayo de 2021

EL MISTERIO DE LOS NIÑOS QUE NO DESPIERTAN



 Niños que caen en un profundo letargo como consecuencia de procedimientos de asilo ponen de manifiesto la cruda experiencia que afecta a determinados grupos étnicos y el extraño vínculo entre el cerebro y el cuerpo.

Que determinados niños caigan en un profundo sueño interminable es un fenómeno que sorprende a los científicos desde que, en 2017, una niña de nueve años residente en Suecia cayera en un estado de inconsciencia permanente.

No era el único caso: había más niños como ella, todos en Suecia e hijos de solicitantes de asilo. Daba la impresión de que, debido a su experiencia traumática, habían decidido retirarse de la vida; lo han llamado síndrome de resignación.

Este síndrome afecta a niños y adolescentes, preferentemente de entre siete y 13 años y se manifiesta mediante apatía, depresión y aislamiento. Dejan de hablar, de comer y beber, caen en cama y no responden a los estímulos. Necesitan una sonda para comer, así como cuidados constantes para evitar fallos de los órganos debido a la falta de movimiento o de hidratación.

El síndrome sume a los niños en una especie de como que, a pesar de que no presentan ningún problema físico, les impide realizar las funciones corporales y la comunicación con su alrededor, explica la psiquiatra de Médicos Sin Fronteras Beth O'Connor.

Se cree que el fenómeno apareció en la década de 1990, pero el número de niños afectados se disparó hacia el cambio de siglo. Solo de 2003 a 2005, se contabilizaron 424 casos. Desde entonces, han aparecido varios cientos más, escribe la neuróloga Suzanne O'Sullivan en The Sunday Times. 

O'Sullivan, especializada en epilepsía compleja y trastornos psicógenos, ha investigado estos episodios y publicado un libro que recoge los resultados de su trabajo: The Sleeping Beauties.

Explicación insuficiente

Explica que varías teorías incompletas intentan arrojar luz sobre cómo funciona este trastorno. Se basan en indicadores fisiológicos, como una frecuencia cardíaca y una temperatura corporal elevadas, para considerarlo una respuesta al estrés inducida por hormonas o el sistema nervioso autónomo.

Sin embargo, matiza O'Sullivan, el problema de las observaciones realizadas y las teorías planteadas, es que no las hormonas del estrés, ni el sistema nervioso autónomo, ni el deficiente desarrollo cerebral, pueden explicar la duración e intensidad anormal de las manifestaciones fisiológicas de esta enfermedad, ni su sorprendente distribución geográfica.

Considera que todos estos niños, entre los que predominan las niñas, sufrieron traumas antes de caer en este trastorno, por lo que podría tratarse de una forma de estrés postraumático, reforzado, tal vez. por la incapacidad de los padres de atenderlos adecuadamente en un contexto familiar tan caótico.

Sugiere asimismo la posibilidad de la dimensión cultural del síndrome de resignación: no afecta a todos los grupos étnicos con problemas de asilo en países extraños, sino a muy pocos colectivos específicos de refugiados.

La selectividad de este trastorno muestra claramente que no puede considerarse como algo puramente biológico, provocado por hormonas y neurotransmisores, ni tampoco como un mal estrictamente psicológico y, por tanto, vinculado a la personalidad del paciente, destaca al respecto O'Sullivan.

Factor social, clave

Añade que, seguramente, el detonante puede ser la desesperación relacionada por el procedimiento de asilo, que representa un amenaza para las familias afectadas. Considera, por tanto, que el contexto social es un factor clave en la búsqueda de las causas de esta enfermedad, más importante que los análisis fisiológicos y biológicos.

Un dato apoya esta hipótesis: los niños suelen despertarse cuando su familia recibe un permiso de residencia. No es un proceso rápido e instantáneo, sino gradual, que puede durar meses, dependiendo del tiempo que han estado dormidos.

O'Sullivan es bastante concluyente en su diagnostico de un problema que la medicina está lejos todavía de resolver: "Ante una avalancha de información, el cerebro está en un estado constante  de predecir, descartar, evaluar y reevaluar, hacer inferencias y aprender", escribe en su libro.

En consecuencia, plantea la necesidad de una aproximación más holística a este trastorno, que tenga en cuenta la forma en la que el cerebro y el cuerpo reaccionan conjuntamente ante circunstancias familiares críticas.

Plantea que la disfunción corporal puede tener sus raíces en un trastorno emocional: síntomas físicos producidos, probablemente de manera subconsciente, como una reacción a una presión ambiental, cultural o social extrema.

Y que es a ese nivel en el que hay que incidir para entender y solucionar lo que pasa con las bellezas dormidas.

Eduardo Martínez de la Fe

 

lunes, 17 de mayo de 2021

ERES RESPONSABLE....



 Eres responsable de ti mismo y eso......te hace libre

Nadie más que tú responde de tus decisiones en cada momento, salgan bien o salgan mal serán parte de tu destino y eso, te convierte en una persona libre y madura para ir aprendiendo en el viaje de la vida. 

Eres responsable de ti mismo. Tú respondes de tus actos, tú asumes las consecuencias de tus acciones, de tus palabras y decisiones en cada instante. Nadie más que tu mente y tu corazón pueden decirte que hacer o qué no hacer en cada momento y algo así, te convierte en una persona libre, en alguien capaz de construir su propio destino.

Decía Viktor Franki que la libertad no es concebible sin el sentido de responsabilidad y esta es una verdad evidente que a menudo descuidamos. Muchos nos concebimos a nosotros mismos como seres maduros y autorrealizados, hombres y mujeres con capacidad suficiente para asumir las metas que nos proponemos. Sin embargo, hay un hecho que se ve con excesiva frecuencia. 

Seguimos culpando a otros de nuestros malestares, fracasos y sufrimientos. A veces, nuestra infelicidad es el resultado de esa relación dependiente y dañina (de la que no nos atrevemos a salir). Por ejemplo: "mi inseguridad y mis miedos se deben a esa educación autoritaria que me dieron de niño (la misma que aún no he afrontado ni resuelto para convertirme en la persona que deseo ser)".

Culpabilizamos a los demás de cosas que deberíamos afrontar siendo responsables. Como decía el psicoterapeuta Albert Ellis, los mejores años de nuestra vida son aquellos en los que asumimos por fin que los problemas son solo nuestros. Nada es culpa de nuestra madre, de la ecología o de la política. Cuando uno se da cuenta de esto, asume el control de su propio destino.....

Cuando descubres que eres responsable de ti. tu vida cambia

La responsabilidad es una competencia psicológica de gran valor. Confiere seguridad a quien la usa a diario, define a esas personas comprometidas consigo mismas que actúan en base a sus valores, que toman plena conciencia de sus errores y los enmiendan para aprender, para seguir avanzando en su desarrollo.

Hay quien asume este principio de manera temprana gracia a su educación o a su personalidad. No obstante, también es común ver a muchas personas que aún no han asumido esta competencia vital. De hecho, es un aspecto que se aprecia con frecuencia en terapia.

Un ejemplo: si hay algo verdaderamente complicado es hacerle ver al paciente que es necesario dejar de focalizarse tanto en lo que hacen o dejan de hacer las figuras de su entorno, para centrarse más en sí mismo. 

  "¿Cómo hacerlo?" insisten. "Ahí está mi jefe estresándome a cada instante, ahí está mi suegro, esa amiga narcisista y ese hijo adolescente que no deja de pedirme dinero y no hace nada en casa". Como podemos intuir, a veces, resulta más fácil poner el foco en todo lo externo, en proyectar sobre figuras ajenas la culpa de la infelicidad.

Sin embargo ¿qué hacemos para manejar todo esos conflictos? ¿Es que nuestro papel es solo el de "victima pasiva" Evidentemente, no.

Eres responsable de ti mismo y estás obligado a responder ante lo que te sucede

La palabra responsabilidad viene del latín responsum y significa "responder ante algo o ante alguien". Así mismo, desde un punto de vista psicológico esta competencia se vincula directamente con una esfera decisiva: el compromiso.

Por tanto, ser responsable de ti implica aprender a tomar decisiones que permitan alcanzar el bienestar y la realización personal. Y, a su vez, asumir las consecuencias de las acciones y saber reaccionar ante lo que acontece alrededor sin necesidad de culpabilizar a otros.

Tampoco hay que esperar a que los demás resuelvan tus problemas. Por tanto, si hay una finalidad esencial en toda terapia psicológica, es lograr que la persona se comprometa con su propio cambio y que se responsabilice de si misma sabiendo actuar sin miedo.  Es un proceso complejo, es cierto, pero al lograrlo sucede algo: nos sentimos libres.

La responsabilidad personal nos hace libres para crear la vida que deseamos

Abraham Maslow estableció el sentido de responsabilidad como una dimensión esencial dentro de la pirámide de necesidades humanas. De hecho, en su libro El hombre autorrealizado estableció que si desarrollas una buena responsabilidad personal podrás cumplir tus metas y alcanzarás la autorrealización, esa cima en la cual, poder sentirte bien con quien eres, con lo que te rodea y lo que estas logrando.

Para ello, y con el fin de transitar con éxito hasta esa cumbre, debemos tener en cuenta unos aspectos:

Eres libre para elegir el tipo de vida que deseas. Pero para lograrlo debes concentrar todos los recursos, energías y esperanzas en ti mismo. Nadie está obligado a ayudarte ni a facilitarte nada. La responsabilidad es solo tuya.

Ponte metas cotidianas y conquistarlas. Cada día debes demostrarte a ti mismo que eres capaz de trabajar por tu bienestar y por los que amas.

Si algo te molesta, te quita la calma y te enturbia, resuelvelo. Hazlo lo antes posible; no dejes pasar el tiempo ni esperes tampoco a que otros lo hagan por ti.

Sé honesto en cada momento y en cada circunstancia; contigo mismo y con los demás. Acepta y aprende de tus errores.

Comprometete cada día contigo mismo para mejorar, para ser más autónomo. Sé valiente para afrontar lo que temes, asertivo para defenderte, humilde para ser capaz de aprender, respetuoso para ser amable contigo y con quienes te rodean aunque a veces, no actúen como tu deseas. 

Para concluir, aprender a ser responsable de ti mismo lleva tiempo y exige un compromiso constante. Sin embargo, una vez lo logramos, la sensación de libertad es absoluta. 

Trabajemos en ello.


Valeria Sabater