viernes, 26 de septiembre de 2014

EMOCIONES


 

Casi todos nosotros vivimos sometidos a una gran cantidad de esfuerzo y tensión a causa de nuestra mente. El cuerpo, no puede hacer otra cosa que reaccionar a los patrones disfuncionales de pensamiento que conforman el ego, de manera que, un torrente de emociones negativas acompaña al torrente de pensamientos compulsivos incesantes.

 

Pero, ¿Qué es una emoción negativa?. Es aquella emoción tóxica para el cuerpo que altera su equilibrio y su funcionamiento armonioso. Las emociones como el miedo, la ansiedad, la ira, el rencor, la tristeza, el odio, los celos y la envidia perturban el flujo de energía del cuerpo y afectan el corazón, el sistema inmune, la digestión, la producción de hormonas, etc.

 

Ocurre que las emociones dañinas que nos afectan se contagian a las personas con las que entramos en contacto y también a un sinnúmero de personas a quienes ni siquiera conocemos, a través de una reacción en cadena, produciendo infelicidad.

 

Por el contrario, las emociones positivas fortalecen el sistema inmune, revitalizan y sanan el cuerpo. Pero tenemos que diferenciar las emociones positivas generadas por el ego, de las emociones positivas emanadas del estado profundo en conexión con el Ser.

 

Cuando una  emoción positiva es generada por el ego, trae consigo un opuesto en el cual se puede convertir. Por ejemplo: lo que el ego llama amor es deseo de poseer y un apego que puede convertirse en odio en un segundo. La expectativa ante un evento, el exceso de importancia que el ego le da al futuro, se convierte fácilmente en desilusión y frustración cuando el evento no satisface las expectativas del ego. Los elogios y el reconocimiento nos hacen sentir alegres y optimistas un día, pero cualquier crítica o la indiferencia nos dejan tristes e infelices al otro. Es un balanceo constante donde no hay bien sin mal, ni alegría sin tristeza.

 

Las emociones generadas por el ego son producto de la identificación de la mente con los factores externos, lo cuales son inestables y están sujetos a cambiar en cualquier momento. Las emociones profundas son estados del Ser y, aunque pueden permanecer en la sombra, no tienen opuesto; como aspectos de nuestra verdadera naturaleza, emanan desde nuestro interior en forma de amor, felicidad y paz.

 

En El poder del ahora Eckhart Tolle, nos dice que había observado que cuando dos patos se pelean, al separarse nadan en direcciones opuestas. Después, los dos baten las alas con fuerza varias veces para descargar el exceso de energía acumulada durante la pelea. Una vez que han sacudido las alas se van nadando pacíficamente como si no hubiera pasado nada.

 

Si el pato tuviera una mente humana, mantendría viva la pelea en sus pensamientos, tejiendo historias. Esta podría ser la historia del pato: “no puedo creer lo que acaba de hacer, se me acerco a menos de unos cuantos centímetros, seguramente se cree dueño del estanque, no tiene consideración alguna por mi espacio privado. Nunca más confiare en él, la próxima vez con seguridad tramara alguna cosa para molestarme, estoy seguro de que ya está tramando algo pero no lo toleraré; le daré una lección que nunca olvidará”

 

Y así continúa la mente tejiendo sus historias, pensando y hablando sobre el asunto durante días, meses y hasta años. Pero en  el cuerpo, la lucha no ha cesado y la energía que genera en respuesta a todos estos pensamientos  son emociones, lo que da lugar a más pensamientos todavía.

 

Es fácil ver lo problemática que sería la vida del pato si tuviera una mente humana. Pero así es como viven la mayoría de los seres humanos. Nunca ponen punto final a ninguna situación o acontecimiento. La mente y “mi historia” fabricada continúan con su ciclo interminable.

 

Somos una especie que perdió su camino. En toda la naturaleza, en cada flor, cada árbol, en cada animal, hay una lección importante para nosotros, si tan solo nos detuviéramos a observar y oír.

La lección del pato es la siguiente: sacudamos las alas, es decir, dejemos atrás la historia y volvamos al único lugar donde reside el poder

:

 EL PRESENTE.

 

Fuente Eckhart Tolle

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