viernes, 13 de junio de 2014

NUEVA FRECUENCIA


 
Desde hace dos años hemos estado sintiendo los efectos de frecuentes llamaradas solares. Energéticamente, las percibíamos como si las llamaradas actuaran como ‘mensajeros’ de energía, enviando explosiones de energía de alta vibración hacia la Tierra, activándonos y despejándonos a medida que cambiábamos hacia nuevos niveles de nosotros mismos. 

En estos días la percepción ha cambiado y las sentimos más como olas  horizontales más que verticales. Es decir, en lugar de bajar desde arriba o hacia fuera, se siente como si estuviesen a todo nuestro alrededor. A veces hasta podemos sentirlas literalmente como una ola de energía, que puede provocarnos mareos o como si la tierra se moviera bajo nuestros pies. 

Si fuésemos ya capaces de “ver esa energía”, percibiríamos que toda la Tierra está ahora pulsando y parece como gelatina, a medida que estas olas cubren cada parte de ella, transformándolo, despejándolo y activándolo todo. Tanto a la sociedad en conjunto como a cada persona en lo particular. Ahora comenzamos a darnos cuenta de como la “suciedad” acumulada  se eleva del suelo y nos envuelve en un tupida neblina que parece asfixiarnos, y no es que esa densidad sea algo Nuevo ya que nos ha acompañado durante todo nuestro pasado–, solo que ahora la percibimos porque la Nueva Energía la remueve hasta que seamos plenamente conscientes de que hemos de abortar las Fuentes que la producen, abrir las ventanas y dejar que el Nuevo aire penetre en nuestro interior. El polvo nos molesta, pero mejor es que salga a la superficie para que podamos barrerla.

En lo que a nosotros respecta, podemos sentirnos en un momento como parte de la brigada de limpieza, mientras que al siguiente más bien nos sentimos como un contenedor de basura, así que mantengámonos relajados. El barco no se hunde, solo se bambolea. Equilibrémonos como avezados marinos y no nos apresuremos a saltar por la borda. 

Se que muchos de vosotros –y me permito incluirme también-, nos encontramos intranquilos al observar las situaciones alrededor del mundo y nos desesperamos pensando que será así por mucho tiempo, pero las estamos juzgando teniendo en cuenta cuánto les ha llevado desarrollarse y transformarse en el pasado. Ahora nada es igual a cómo era antes. Podemos comprobar en nuestras propias vidas que ahora los problemas evolucionan en cuestión de horas o días mientras que antes tomaba meses o años.     

Es importante tener un ancla que nos mantenga sosegados y equilibrados y yo diría que esa ancla se encuentra en el centro de nosotros, en nuestro interior. Ese punto central debería mantenerse fijo y transmitiendo Paz y Amor constantemente, pero no es así como lo percibimos en estos momentos. Muchos de nosotros lo notamos como si ese centro se estuviese moviendo y cambiando constantemente de posición. ¿Quién soy yo hoy? ¿Quién seré mañana? Es la especulación de cualquiera, ¡es cómo ahora lo apreciamos!

Así que esforzaros en mantener ese centro como vuestra ancla – dadle a esa ancla el nombre que prefiráis, alma, su corazón, Dios, Diosa o algún otro nombre – sabed sin embargo que de un día al otro vuestra percepción, vuestro sentido de alerta y vuestra experiencia de lo que ES vuestro centro/alma/corazón/dios/diosa, cambiará.  Estamos en un estado de rápida expansión, y esto puede disparar una crisis diaria de identidad, a menos que comencemos con la premisa de que: nuestro sentido de identidad CAMBIARÁ muchas veces mientras nos expandimos. Es un hecho cierto. A veces en múltiples ocasiones en un mes, en una semana e incluso en un solo día 

Aceptemos pues el cambio como a nuestro mejor amigo, ya que es la “fuerza” que nos ayuda a “ascender”
J.A.Marcos Fonfria.

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