jueves, 1 de octubre de 2015

CUANDO NO EXPRESAMOS EL DOLOR.


 

Cuando no expresamos el dolor, cuando lo retenemos dentro de nosotros, tarde o temprano acaba causándonos graves heridas emocionales, que como sabemos son las más difíciles de sanar.

 

Pero cuando podemos gritarlo, el dolor duele menos. Se comparte. Alguien lo escucha y posiblemente, alguien nos consuele. El peor de todos los dolores es aquel que no siquiera puede salir resbalando con las lágrimas.

 

El que se queda enquistado en la mirada. El que se retuerce dentro sin que parezca que pasa nada. Aquel que planta su bandera en el centro de la esperanza y poco a poco acaba con ella. En ocasiones, hay dolores que ni siquiera se acercan a la garganta. Dolores secos, ciegos y mudos. Dolores que por mucho que nos cubran con sonrisas no cesan en su empeño de continuar anclados en nuestro interior.

 

Nos engañamos muchas veces. Creemos que no volverán. Que se han marchado para siempre. Que les dijimos adiós hace mucho. Y sin embargo, nos los volvemos a encontrar merodeando cerca de nuestro corazón. Ahí, esperando que sigamos rindiéndonos ante su dominio y su paciencia.

 

Llegan a ser nuestros amigos, tan cerca están de nosotros que perderlos nos dejaría un inmenso hueco difícil de llenar. Nuestros dolores han crecido, han engordado, se han hecho viejos siendo parte de nosotros, y son muy fuertes. Tienen la capacidad de dejarnos paralizados, incluso a veces no somos capaces de vivir sin su presencia y, vivimos enganchados al dolor durante toda la vida.

 

El camino para eliminar el dolor en nuestra vida, es un camino de dos direcciones y casi siempre pasa por perdonar y sobre todo perdonarnos. Tomando conciencia aunque sea duro de entender que el dolor siempre nos lo causamos nosotros, no nos duele lo que nos sucede o lo que nos hacen,  sino la interpretación subjetiva que hacemos de ello.

 

El dolor es maestro. Nos enseña. Nos impone el aprendizaje si no queremos repetirlo. Nos recuerda lo posible y lo imposible. Lo que fue y lo que no será.

Solo hay dos caminos para aprender: Por conciencia o por dolor.

Por eso es tan importante el conocimiento y sobre todo el conocimiento de uno mismo, porque el conocimiento genera conciencia y a mayor conciencia….menos dolor.

 

Por eso, el dolor si sabemos tratarlo no es tan malo, porque nada es absoluto, hasta en el dolor hay algo bueno, igual que en lo bueno puede haber algo de dolor.

Esteban Perez

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