CHARIKLO: LA SANADORA SILENCIOSA DEL CIELO
En los confines del
Sistema Solar existe un pequeño mundo llamado Chariklo, perteneciente al
grupo de los centauros. Astronómicamente es un cuerpo extraordinario: orbita
entre Saturno y Urano, posee dos estrechos anillos y forma parte de esa
misteriosa familia de objetos que parecen habitar una frontera entre distintos
mundos. NASA lo considera el mayor de los centauros conocidos.
Pero para la
astrología, Chariklo puede representar algo todavía más profundo.
Los centauros y la herida que transforma
Los centauros han
adquirido una importancia especial dentro de la astrología moderna. El más
conocido es Quirón, símbolo de la herida que, al ser comprendida, puede
convertirse en sabiduría y capacidad de sanar.
Chariklo introduce un
matiz diferente.
En la mitología
griega aparece vinculada a Quirón —NASA recoge que fue considerada su esposa—,
y esta relación ha inspirado una interpretación astrológica basada en la
capacidad de permanecer junto al dolor sin huir de él ni intentar dominarlo.
Chariklo no sería
tanto quien cura la herida, sino quien crea el espacio necesario para que la
sanación pueda producirse.
Es la presencia
silenciosa.
La capacidad de
acompañar.
La energía que
sostiene mientras otra persona atraviesa su propio proceso de transformación.
Una energía cercana a Piscis
Algunos astrólogos
relacionan simbólicamente a Chariklo con Piscis, aunque no existe una
regencia astrológica universalmente aceptada. La asociación resulta sugerente.
Piscis representa la
disolución de las fronteras del ego, la compasión, la sensibilidad y la
percepción de que nuestra existencia individual forma parte de algo mucho
mayor.
Desde esa
perspectiva, Chariklo nos recuerda que sanar no siempre significa luchar contra
aquello que nos duele.
A veces sanar
consiste en permitir, comprender y acompañar.
Y quizás ahí comienza
también una forma más profunda de evolución espiritual.
El ser humano como parte de la Fuente
Podemos contemplar a
Chariklo como un símbolo de un cambio que lentamente se está produciendo en la
conciencia humana.
Durante mucho tiempo
hemos vivido identificándonos únicamente con nuestra personalidad, nuestros
problemas y nuestra historia individual. Sin embargo, numerosas tradiciones
espirituales sostienen que detrás de esa identidad existe una conciencia más
amplia.
Una chispa de la Fuente
primaria de la que procede toda manifestación.
Cuando comenzamos a
percibir esa conexión, también cambia nuestra relación con los demás. Dejamos
de vernos como seres completamente separados y empezamos a comprender que el
dolor, el crecimiento y la transformación forman parte de una experiencia compartida.
Entonces aparece una
enseñanza profundamente vinculada a Chariklo:
No siempre estamos
aquí para cambiar al otro; algunas veces nuestra misión consiste simplemente en
sostener la luz mientras el otro recuerda la suya.
Quizá esa sea una de
las formas más elevadas de sanación.
Y también uno de los
caminos mediante los cuales el ser humano comienza a recordar que nunca estuvo
separado del Universo, sino que siempre formó parte de él.

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