sábado, 17 de enero de 2026

ALEXIFRENIA...DESCONEXIÓN EMOCIONAL




Hay personas que entienden perfectamente lo que ocurre a su alrededor, pero no logran conectar con lo que ocurre dentro de ellas. Saben explicar hechos, analizar situaciones y razonar con precisión, pero cuando se les pregunta cómo se sienten, las palabras se quedan cortas o simplemente no llegan. No es falta de inteligencia ni desinterés emocional: es Alexifrenia.

La Alexifrenia es un rasgo psicológico caracterizado por una predominancia del pensamiento racional y analítico, junto con una desconexión de la experiencia emocional. A diferencia de otros conceptos más conocidos, como la alexitimia o la dificultad para identificar y expresar emociones, la Alexifrenia pone el foco en el estilo cognitivo: una mente que privilegia el pensamiento lógico hasta el punto de relegar o ignorar el mundo afectivo.

Pensar mucho, sentir poco

La persona alexifrénica no carece de emociones, pero las vive de manera atenuada o distante. El afecto está ahí, aunque no siempre se reconoce ni se procesa conscientemente. En lugar de registrar tristeza, miedo o alegría, la experiencia emocional se traduce en pensamientos, explicaciones o análisis. Es habitual que estas personas respondan a situaciones emocionales con frases como “no tiene sentido sentirse así” o “es mejor pensar con la cabeza fría”.

Este patrón puede resultar funcional en contextos donde se valoran la lógica, el control y la eficiencia. Sin embargo, a largo plazo, puede generar una desconexión profunda con uno mismo y con los demás. Las emociones cumplen una función adaptativa: informan sobre necesidades, límites y vínculos. Cuando se silencian de forma sistemática, el cuerpo y la mente buscan otras vías para expresarse.

Origen y factores asociados

La Alexifrenia no surge de la nada. En muchos casos, se desarrolla en entornos donde la expresión emocional no fue validada o fue incluso castigada. Crecer en contextos donde “sentir es un problema” o donde la vulnerabilidad se asocia con debilidad puede fomentar un estilo mental que prioriza el control racional como mecanismo de protección.

También se ha observado una mayor prevalencia de rasgos alexifrénicos en personas con formación técnica o científica muy marcada, así como en entornos profesionales altamente exigentes. No porque estas áreas generen el problema, sino porque refuerzan una forma de relacionarse con el mundo basada casi exclusivamente en el análisis y la lógica.

Desde el punto de vista neuropsicológico, algunos estudios sugieren que podría haber una menor integración entre áreas cerebrales implicadas en el procesamiento emocional (como el sistema límbico) y regiones encargadas del razonamiento consciente (como la corteza prefrontal). No se trata de un fallo, sino de una descompensación en el diálogo interno entre emoción y cognición.

Aunque a primera vista la Alexifrenia puede parecer una ventaja, menos sufrimiento emocional, más control, sus efectos suelen hacerse visibles en el largo plazo. Las personas con este rasgo pueden experimentar una sensación persistente de vacío, apatía o falta de sentido, sin saber exactamente por qué. El cuerpo puede manifestar lo que la mente no reconoce, a través de somatizaciones, tensión crónica, fatiga o malestar inespecífico.

En el plano relacional, la dificultad para conectar con las propias emociones suele trasladarse a la dificultad para comprender las emociones ajenas. Esto puede generar malentendidos, distancia afectiva o la percepción de frialdad emocional por parte de los demás. No es que la persona no se preocupe, sino que no dispone de un lenguaje interno claro para el mundo emocional.

Alexifrenia, alexitimia y otros conceptos cercanos

Aunque a menudo se confunden, la Alexifrenia no es exactamente lo mismo que la alexitimia. En la alexitimia, la dificultad principal está en identificar y describir emociones. En la Alexifrenia, el énfasis está en el dominio del pensamiento racional sobre la vivencia emocional, incluso cuando la emoción podría ser identificable.

Tampoco debe confundirse con frialdad emocional,  psicopatía o falta de empatia. Muchas personas alexifrénicas son éticas, responsables y empáticas en el plano cognitivo, pero les cuesta sentir y expresar esa empatía de forma emocional.

¿Se puede cambiar este patrón?

La Alexifrenia no es un trastorno clínico cerrado, sino un rasgo que existe en distintos grados. Por ello, no se “cura”, pero sí puede flexibilizarse. El primer paso suele ser tomar conciencia de la desconexión emocional y aceptar que sentir no es un error ni una amenaza.

La psicoterapia puede ayudar a reconstruir el vínculo con las emociones, especialmente enfoques que integran cuerpo y mente, como la terapia psicodinámica, la terapia basada en la emoción o las terapias somáticas. Aprender a identificar sensaciones corporales, poner palabras a estados internos y tolerar la incomodidad emocional es un proceso gradual, pero profundamente transformador.

También prácticas como la escritura emocional, el mindfulness o la educación emocional pueden abrir espacios seguros para que las emociones vuelvan a ocupar su lugar, no como enemigas del pensamiento, sino como aliadas.

La Alexifrenia nos recuerda que el ser humano no es solo razón ni solo emoción. Cuando uno de estos polos domina por completo, algo se pierde. Pensar sin sentir puede volver la vida plana, desconectada, excesivamente controlada. Sentir sin pensar puede volverla caótica. El equilibrio entre ambos es lo que permite una experiencia humana plena.

 

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