martes, 1 de octubre de 2019

SI LEVANTAS LA VISTA DE TU OMBLIGO.....





Si levantas la vista de tu ombligo veras que no eres el centro del Universo.

Todos conocemos a ese tipo de personas que se creen que ellos son los únicos habitantes del mundo. Esas personas que pase lo que pase siempre están peor que tú, siempre han sufrido más y su vida ha sido mucho más dura. Esas personas a las que deseamos decirles que si levantan la vista de su ombligo verán que no son el centro del Universo.

Carecen de un equilibrio emocional y viven de ser parásitos ante los demás utilizando la pena como arma de seducción. No tienen una sola cara, sino que se disfrazan de aquello que más les convenga para conseguir ser el ombligo de su mundo.

Son niños tratando de llamar la atención, y para ello, no dudan en usar los sentimientos ajenos. Utilizan los extremos de las emociones ajenas para suplantar su dolor, en base a artimañas disfrazadas de historias de su propia invención.

Esas historias que suelen ser exageraciones de alguna realidad que puedan haber conocido, pero que después de pasar por el filtro de su ombligo, si hay algún parecido a la historia original es pura coincidencia. Así, con esas historias tratan de conquistarte apelando a la pena que puedan suscitarte.

El yo-ismo o el arte de mirar solo el propio ombligo.

El yo-ismo o arte de mirar solo el propio ombligo consiste en pasarte la vida hablando en clave de yo. Sí, ese yo-ismo caracterizado por el “y yo más”, “lo mío es peor”, “yo solo sé que me pasan las peores cosas” o “yo soy la persona con peor suerte del mundo”.

Estas personas se quejan de que no son escuchadas, que nadie las entiende, pero son ellos los primeros que dejan de escucharte para hablarte de sus penas. Muchas veces este comportamiento es inconsciente, porque es la única manera de no sentirse solos.

En esos casos, se trata de personas de baja autoestima que no saben comunicar sus sentimientos de manera correcta. Además, suelen carecer de habilidades sociales que le permitan comunicarse mejor y, sobre todo, entender al otro y ponerse en su lugar.
En otros casos este arte de mirarse el ombligo lo hacen de forma completamente deliberada. En este caso demuestran su falta de empatía. Son personas egoístas y dañinas. Y es por ese egoísmo por el que se convierten en manipuladores emocionales.

Características de los egoístas emocionales.

Estos manipuladores emocionales que son egoístas de forma consciente porque tratan de obtener de los demás un beneficio apelando a la pena, tienen las siguientes características identificables.

Insatisfacción vital: No les gusta la vida que tienen y por tanto se inventan una realidad paralela. Con esta realidad tratan de llamar la atención de los que están a su alrededor usando para ello cuentos dramáticos.

Hallan placer en el lamento: Suelen encontrar placer en el acto de quejarse, porque así asumen mejor su papel de “pobres victimas” y logran llamar la atención de los demás. Por eso solo ocurre al principio, con el tiempo vuelven a estar solos. Como se suele decir, lo poco atrae, pero lo mucho agota.

Chantaje emocional: Porque si de verdad aprecias a estas personas no dejarás que sufran solas. Así de simple. Esa es su premisa para continuamente pedirte atención mediante la pena. Se trata, básicamente, de hacernos creer que somos malas personas si no obedecemos a sus demandas.

Profundo egocentrismo: Derivado de la falta de empatía. Estas personas dan por descontado que merecen más que las otras y, cuando no lo obtienen, se quejan. Cuando no se les hace el caso que creen que merecen, se quejan. En definitiva, ellos son los importantes y el resto está para servirles.

Cómo lidiar (que no enfrentarse) a estas personas.

Es muy difícil lidiar con este tipo de personas y evitar los chantajes y enfrentamientos. Resulta complicada una convivencia tranquila con estos manipuladores emocionales porque vampirizan todos tus recursos a la vez que te hacen sentir culpable.

Lo primero que tienes que saber es que, la utilidad se sus quejas o de sus historias, radica en conseguir lo que quiere. En un primer momento, la queja puede haber surgido de un motivo razonable, como, por ejemplo: una pérdida o una experiencia muy negativa.

En aquel momento, la persona se quejó y encontró el apoyo de quienes la rodeaban. Demostró que era una víctima (sufriente y doliente) y probablemente se le prestó más atención. Esta atención suplió las propias carencias emocionales que tiene. Así, la queja y el egoísmo se convierten en su manera de relacionarse.

Por ello, es una habilidad que puede corregirse como cualquier otro aprendizaje. Pero requiere de la admisión por parte del egoísta de que está siéndolo al hablar solo de sus sentimientos y al inventar historias para conseguir la ansiada atención de los demás.

Lo que tú, como conocedor y sufridor del egoísta puedes hacer es intentar conseguir que sea consciente de su problema para que, si él quiere, pueda pedir ayuda. Para ello utilizar estrategias comunicacionales con “la técnica del sándwich” pueden ayudar.

La técnica del sándwich consiste en hacer llegar una crítica y lograr que sea bien recibida. Empieza puntualizando una cualidad positiva de la persona, a continuación, menciona lo que crees que se podría mejorar y terminar con unas palabras positivas hacia el que recibe la queja.

En este caso podría ser: “Entiendo que lo que te está pasando te hace mucho daño a pesar de que eres una persona muy fuerte, pero estaba hablando yo de lo que me preocupa y me gustaría que me escucharas al igual que yo lo hago contigo, ya que sueles ayudarme mucho”

Así podrás expresar tu malestar y a la vez no permitir que este vampiro emocional te absorba en su círculo del egoísmo. Porque, aunque deseemos decirle que levante la vista de su ombligo, para que vea que no es el centro del universo, no es la manera más adecuada de dirigirse a las personas. Si queremos recibir buen trato, hay que darlo primero, sea como sea la persona receptora.
Lorena Vara González



viernes, 27 de septiembre de 2019

ALIMENTO Y SALUD





Según las tradiciones místicas de Oriente, todo lo que tú crees que eres no es sino comida. Tu cuerpo es comida, tu mente es comida, tu alma es comida. Más allá del alma hay ciertamente algo que no es comida. A ese algo se lo conoce como anatta, sin yo. Es vacío total. Buda lo llama shunya, el vacío. Es puro espacio. No contiene nada excepto a sí mismo: es conciencia sin contenido.

Mientras el contenido persiste, la comida persiste. Por comida se entiende aquello que se ingiere del exterior. El cuerpo necesita comida física; sin ella comienza a marchitarse. Así es como sobrevive; no contiene sino comida física.

Tu mente contiene recuerdos, pensamientos, deseos, celos, ansias de poder y mil y una cosas. Todo eso es también comida; es comida a un nivel un poco más sutil. El pensamiento es comida. Por ello, cuando tienes pensamientos nutritivos tu pecho se expande, cuando tienes pensamientos que te dan energía te sientes bien. Alguien dice algo bueno acerca de ti, un cumplido, y mira lo que te pasa: te alimenta.

Y si alguien dice algo malo acerca de ti, observa: es como si algo te hubiera sido arrebatado, te sientes más débil que antes. La mente se alimenta de una forma más sutil. La mente no es sino el aspecto interno del cuerpo; por ello, lo que comes afecta a tu mente. Si comes alimentos no vegetarianos, tendrás un tipo de mente particular; si comes alimentos no vegetarianos, ciertamente tendrás un tipo de mente diferente.

Puedes experimentarlo por ti mismo. Come algo y observa; come alguna otra cosa y observa. Escribe notas acerca de ello y te darás cuenta y te sorprenderás al descubrir que cada cosa que digieres no es solo física, sino que contiene una parte psicológica. Provoca que tu mente sea vulnerable a ciertas ideas, a ciertos deseos.

Por ello, a lo largo de la historia, ha existido una búsqueda de un tipo de comida que no reforzara la mente, sino que contribuyera a su disolución definitiva; un tipo de comida que en lugar de reforzar la mente reforzara la meditación, la no-mente. No se pueden dar reglas fijas y exactas, pues cada persona es diferente y cada cual tiene que decidir por sí mismo.

Observa lo que induces en tu mente. La gente es completamente inconsciente; lee de todo, pero no lee nada; no para de ver la televisión, cualquier cosa tonta y estúpida. Escucha la radio, no para de chismorrear, de parlotear, todo el tiempo vertiendo basura sobre tu cabeza. Evita situaciones en las que cargas de basura innecesariamente. Ya tienes demasiada ahora mismo; lo que necesitas es librarte de ella.

Habla menos, escucha solo lo que sea esencial, sé telegráfico al hablar y al escuchar. Si hablas menos, si escuchas menos, poco a poco verás  que una limpieza, una sensación de pureza, como si acabaras de tomar un baño, comenzara a surgir en tu interior. Este es el suelo fértil para que la meditación florezca.

jueves, 26 de septiembre de 2019

SANAR LA HERIDA DE UNA TRAICIÓN





La traición es una de las experiencias más dolorosas que podemos vivir. No importa si se trata de la pareja, de los amigos o de un miembro de la familia. Siempre que quiebran nuestra confianza se abre una herida que tarda en sanar y que incluso a veces no sana nunca. Por supuesto, está herida es mayor cuando quien traiciona es alguien de nuestra confianza.

Ahora bien, no todas las decepciones pueden catalogarse como una traición. En realidad, todos los seres humanos les fallamos a los demás alguna vez. Hay situaciones en las que no somos capaces de estar a la altura de las circunstancias y terminamos causándole una desilusión a quienes amamos.

Sin embargo, la traición que duele y que marca es aquella que se lleva a cabo deliberadamente. A plena conciencia y por motivos realmente egoístas. La que proviene de quien no ha asegurado algo y a la hora de la verdad se comporta de una manera diferente, siendo consciente de que está faltando a su palabra.

Los diferentes tipos de traición

Hay diversos tipos de traición. Desde la traición a uno mismo, hasta aquella que es fruto de un complot urdido y llevado a cabo pacientemente en contra de otro. Cuando hablamos de este tema, generalmente pensamos en la traición amorosa. Sin embargo, esta no es la única que existe.
Todas las formas de traición tienen en común dos aspectos: la ruptura con algo establecido, implícita o explícitamente, de manera previa, por un lado. Y la defraudación de la confianza por el otro.
Se traicionan los acuerdos y las expectativas, las ilusiones y las promesas. Se traiciona con palabras y los actos.
Quien es traicionado prueba el más amargo sabor del engaño. Se siente burlado y minimizado. Sus sentimientos, pensamientos y expectativas han sido pasados por alto. Fue convertido en objeto dentro de los propósitos de otro. Esto es, fue cosificado y utilizado para algo de lo cual no era consciente. Por eso la traición es tan dolorosa y deja una marca tan fuerte.
Superar una traición.
El efecto más nocivo de una traición es dejar una profunda huella de desconfianza en quien fue defraudado, ya que este puede comenzar a desconfiar de todo el mundo, fruto de la experiencia vivida. Ese encontrarse con la doble cara de otra persona es un impacto de largo vuelo que, por lo general, no sana solo. De ahí que sea importante encontrar una vía para superar la traición.
Estas son algunas claves para lograrlo.
Evaluar la situación. Es importante matizar las circunstancias en las cuales se produjo la traición. Sobre todo, examinar con cuidado si hubo una intención deliberada de defraudar o no. Las intenciones SÍ cuentan.
No culparse. Aunque el traicionado sea la víctima, muchas veces cae en la tentación de reprocharse a sí mismo por lo ocurrido. De flagelarse, repitiéndose una y otra vez lo tonto que fue. No se debe asumir la responsabilidad que le corresponde a otro. Y, sobre todo, es importante ser bueno con uno mismo.
Aceptar lo sucedido. A veces también se cae en la negación o la regeneración por lo sucedido. Esto no deja avanzar. Lo mejor es aceptar lo que ocurrió y examinar si hay una solución o no.
Darse tiempo. La traición deja los sentimientos desechos muchas veces. Es bueno darse un tiempo para que el impacto inicial ceda y dé lugar a una visión más lúcida de lo sucedido.
Realizar un balance. Todos los seres humanos fallamos alguna vez. No hay que olvidar esto. Por duro que sea, es importante hacer un balance entre lo que esta persona ha aportado a nuestra vida y el peso real de su traición.
Busca el camino del perdón. Perdonar no significa aceptar sin consecuencias lo sucedido. Tampoco hacer como si nada hubiera pasado. Más bien se trata de reconciliarse con uno mismo y aprender a dejar atrás lo ocurrido.
Aunque la traición sea un trago amargo, no siempre tiene que dar lugar a un trauma que permanezca por toda la vida. La primera obligación de quien es traicionado es la de tratar de recuperar el equilibrio para seguir adelante. Lo que se debe evitar es que la equivocación de otro se convierta en el sello que marque el resto de nuestra vida.

lunes, 23 de septiembre de 2019

EQUINOCCIO DE OTOÑO




EQUINOCCIO DE OTOÑO

    El equinoccio (del latín aequs noctis, "noche igual"), es el momento del año en el que, a causa del movimiento de traslación de la Tierra, el Sol se sitúa en el plano del Ecuador celeste y sus rayos inciden perpendicularmente sobre el Ecuador de nuestro planeta.

En las fechas en las que se producen los equinoccios, el día tiene una duración exactamente igual a la de la noche en todo los lugares de la Tierra. Este reparto equilibrado de la luz solar es el origen del símbolo del Zodiaco que comienza con el equinoccio otoñal: Libra, la balanza.

Curiosa y casualmente, la balanza es el instrumento de San Miguel, el Arcángel cuya fiesta se celebra los últimos días de Septiembre, aquel ángel al que le fue encomendada la tarea de pesar las almas y disputarselas al diablo, enemigo de San Miguel que , según la tradición bíblica, lucho contra Lucifer. (etimologicamente "el portador de la luz")

Este año el equinoccio sucede el 23 de Septiembre a las 09:52 H (hora española) y señala la entrada del Otoño en el hemisferio Norte, y la de la primavera en el hemisferio Sur de la Tierra.

Los misterios de Eleusis y las puertas de Otoño.

Hades, el Dios de los muertos, enamorado de la joven Perséfone, la raptó y se la llevo en su cuadriga funebre sin dejar rastro. Deméter, diosa de las hierbas, las frutas y los cereales, y madre de Perséfone emprendió su desesperada búsqueda. El llanto de Deméter al no hallar a su hija, dio origen a las lluvias otoñales, y su profunda pena se convirtió en rabia helada, por lo que prohibió a sus árboles que dieran fruto e impidió que creciera la hierba, de modo que el ganado no podía alimentarse: ese fue el primer invierno.

Si aquello duraba mucho tiempo, la humanidad moriría, de modo que Zeus hizo un acuerdo entre la madre y el raptor para que Perséfone pasara siete meses  en el Tártaro con su esposo y el resto del año sobre la Tierra con su madre. Una vez sellado el pacto, la diosa instauro el cultivo del cereal y la obligación de celebrar sus Misterios.

Los Misterios de Eleusis se celebraban durante la semana previa a la entrada del Sol en Libra, cuando el Sol comienza a declinar. Se basaban en el mito del grano que ha de morir dentro de la Tierra para dar vida a una nueva planta con la primavera. Un símbolo del ciclo anual de Perséfone desde la oscuridad del mundo subterráneo a la luz olímpica en el eterno ciclo de muerte y renacimiento.

Los iniciados juraban, bajo pena de muerte, no desvelar jamas los sucesos que tenían lugar en la sala reservada para la ceremonia. El mismo día del equinoccio, tomaban un poción sagrada (muy posiblemente a base de cornezuelo de centeno) que les conducía al éxtasis y participaban en un rito revelador.

Por lo que sabemos a raíz de las oscuras explicaciones metafóricas con las que los participantes se referían veladamente a ellos, allí se tenían visiones inefables y contradictorias, acongojantes pero también beatificas, experimentaban la unidad del principio y el final, de la vida y de la muerte, de la permanencia de la vida del ser dentro de la muerte.

Cicerón que también fue iniciado en los Misterios de Eleusis, afirmaba que a partir de ese momento su vida se había iluminado y escribió: No solo hemos encontrado ahí la razón para vivir más alegremente, sino que también podemos morir con mayor esperanza".

Fuente: Adela Ferrer

domingo, 22 de septiembre de 2019

LA VIDA NO TE ESTA ESPERANDO





La vida no te espera, ni se programa en una agenda, la vida te está sucediendo en este mismo instante: en el aquí y el ahora. Es en este preciso instante donde todo acontece, donde las oportunidades germinan y los trenes se detienen en las estaciones avisándote de una llegada que ya nunca volverá a repetirse. Recuérdalo, no dejes para mañana la felicidad que mereces hoy.

Este mensaje por sí mismo ya nos resulta inspirador a la vez que acertado, contiene un matiz en el que tal vez no hayamos pensado antes. La mayoría sabemos que las mejores oportunidades suceden en este mismo instante; sin embargo, no siempre las vemos o peor aún, no nos sentimos preparados para ellas, nos falta cierta valentía, cierto coraje para cruzar la línea del miedo.

Si nos preguntamos sobre el porqué de esta indecisión o de esa “ceguera” para ver las puertas que se abren cada día ante nosotros, la respuesta se halla en nuestro legado cultural, en nuestra educación y en esa perspectiva vital que nos han hecho asumir. Así, y casi desde que somos niños, nos han convencido de que hay un lugar en el que seremos felices, que llegara un día en que en base a nuestros esfuerzos, confianza y afán de superación alcanzaremos esa meta, ese objetivo deseado.

Puede que esto sea cierto para algunas personas, sin embargo, si hay un aspecto que caracteriza a nuestro mundo actual es la incertidumbre. A veces, quienes más se esfuerzan en “sembrar” son los que menos acaban cosechando. En esencia, muchos de nosotros nos pasamos media vida esperando un “algo” que nunca acontece, diluyéndose en esa eterna espera nuestras esperanzas y expectativas.

Atrevámonos por tanto a aplicar una nueva estrategia, dejemos de focalizarnos en el futuro para apreciar un poco más el aquí ahora, invirtamos en un presente de calidad a través de una mirada receptiva, una mente abierta y un corazón que toma lo que necesita.

Apreciar el aquí y ahora para invertir en felicidad.

Para muchos, vivir aferrados a la inmediatez, a lo que sucede en este mismo instante supone poco más que un acto de irresponsabilidad. En primer lugar, entendamos que vivir en el aquí y ahora no significa que debamos asumir una visión hedonista, un carpe díem al más puro estilo barroco donde limitarnos a disfrutar el instante….como si no existiera mañana. De hecho es todo lo contrario, porque aprovechar el presente también es invertir en el futuro.

Decía Paul Auster con gran acierto que las personas deben aprender a vivir en el hoy, porque “¿qué importancia tiene quien fueras ayer si tienes claro quién eres ahora?”. Ahí está la clave, en saber quiénes somos hoy, en recordar dónde estamos, qué necesitamos y dónde queremos llegar. De hecho, y como curiosidad, cabe decir que hay un tipo de paciente muy común que encuentran a diario los psicólogos en su práctica clínica, a saber, aquel que está “desconectado” de sí mismo y del momento presente.

Hay muchas personas que al experimentar una sensación difícil, al sentir una emoción compleja o problemática no dudan en interpretar estos eventos como “amenazas”. Tras esa categorización, optan por mirar hacia otro lado diciéndose aquello de “mañana será otro día”, “mañana estaré mejor” o “el tiempo todo lo tapa y todo lo cura”.

Se limitan a acumular conflictos, vacíos y frustraciones varias como quien tira sobre su espalda cada piedra encontrada en el camino. Eluden toda responsabilidad para con su persona sin saber que quien atiende  sus emociones en el aquí y ahora invierte de forma inteligente en su felicidad.

Practicar la atención plena, apreciar el aquí y ahora

Aplica en tu día a día la siguiente afirmación: saber vivir es hacer lo mejor que podemos con lo que tenemos en el momento en el que estamos.

Una mente en calma es sinónimo de una vida más clara. Para alcanzar ese estado de equilibrio interno nos será de utilidad practicar la meditación, el yoga o la respiración profunda.

No dejes para mañana la preocupación que tienes hoy. Toda emoción compleja, ansiedad o problema debe resolverse en el momento presente.

Trabaja tu enfoque, presta atención a cada cosa que haces, a lo que te envuelve en este mismo instante. Evita la multitarea.

Sal a caminar cada día, al menos durante media hora por un escenario natural.

Práctica la gratitud, agradece cada cosa que tienes y que te rodea.

Aprende a escuchar mejor.

Como sin prisas, disfruta de cada bocado, de cada sabor.

Comparte tiempo de calidad con los tuyos.

Practica aficiones que te resulten interesantes y que despierten tu creatividad.

Para concluir, aprender a vivir en el aquí requiere ante todo voluntad y trabajo diario. Nadie cambia su enfoque de una semana para otra, pero con voluntad y decisión apreciaremos mucho más eso que realmente existe, eso que podemos tocar, sentir y disfrutar EL PRESENTE.

sábado, 21 de septiembre de 2019

CALAMBRES MUSCULARES




Nos sobresaltan con un dolor severo y nos avisan de un déficit de magnesio o de que algo perturba nuestra vida. Podemos cambiar la dieta y meditar.

Todos hemos experimentado, al menos una vez en la vida, un dolor muscular intenso y punzante que nos despierta del sueño e impide la movilidad durante unos minutos. Se trata de un calambre o contracción repentina, involuntaria y dolorosa (de un grupo muscular o de un único musculo aislado), bastante frecuente en piernas (principalmente en los gemelos) y pies, que solo tiende a desaparecer cuando masajeamos con firmeza la zona afectada.

Fatiga y deshidratación. La práctica deportiva de alta intensidad o cualquier sobreesfuerzo físico que origine situaciones de fatiga y agotamiento muscular, así como ciertos desequilibrios en la dieta y una hidratación insuficiente, se perfilan como las principales causas de su aparición. Sin embargo, también suele existir una raíz emocional detrás de todo calambre físico.

Falta de magnesio. Circunstancias que generan estrés intelectual como los temores, preocupaciones y angustias, causan una perdida considerable de magnesio, un mineral esencial para garantizar la relajación muscular. Durante el crecimiento, el embarazo y la lactancia, y en el curso de ciertas enfermedades, conviene asegurar una adecuada ingesta de este mineral, ya que su demanda es mayor. Hoy el 80% de la población presenta una carencia acusada de magnesio, cuya dosis diaria recomendada es de 275 mg para los adultos.

Cómo influye la alimentación. 

Dieta aconsejada. Cuando se sufren espasmos de manera recurrente, en la mayoría de los casos basta para con reforzar la presencia de ciertos alimentos en nuestra dieta: arroz integral, legumbres, vegetales de hoja verde, germen de trigo, almendras, nueces y perejil, principalmente.

Ración diaria. 20 g de almendras al día pueden ayudarnos a obtener el magnesio que necesitamos, según la doctora Victoria Pons, responsable del departamento de fisiología y nutrición del Centro de Alto Rendimiento (CAR) de San Cugat.

Vuelta al equilibrio. La doctora pons aconseja, además, una ingesta diaria de dos raciones de vegetales y una hidratación correcta para alcanzar fácilmente los niveles indicados de este mineral. Con estas recomendaciones, lo más probable es que los calambres musculares debidos a un desequilibrios hidro-mineral desaparezcan.

Bebe lo suficiente. Para asegurar una hidratación adecuada, es fundamental beber antes de experimentar la sed y tomar pequeñas cantidades de agua en intervalos establecidos. Para recuperarnos adecuadamente  después del ejercicio físico, la hidratación puede seguir  esta pauta: Antes unos 400 ml (el primer vaso una hora antes): durante, de 150 a 200 ml cada 15 o 20 minutos: después, más agua de la que tomamos habitualmente cuando tenemos sed. de 1,2 a 1,5 veces el peso perdido. 

Qué hacer cuando sufres uno.

Estiramiento suave. Cuando sufrimos un calambre, lo primero que debemos hacer es intentar estirar el músculo de forma suave y sostenida. Presiona suavemente los dedos sobre el músculo y frótalos haciendo un movimiento circular.

Masaje. El masaje es un remedio efectivo, porque aumenta la circulación y favorece el tono muscular. Pero si padecemos calambres de manera frecuente, hay que tratar la musculatura más profunda, la que exige el cuidado de un fisioterapeuta o masajista.

Dolor "interno". En palabras de Ardaas Singh, profesor de Kundalini Yoga, un calambre físico es "la manifestación de un dolor interno". Toda preocupación, temor e inquietud que experimentamos es el reflejo de algo más hondo, que debemos tratar.

Meditación. La alternativa en esos casos es la meditación, para limpiar el subconsciente de tensiones, descargar la ansiedad y conseguir un estado de relajación que pueda ayudarnos a ser más conscientes de nuestro cuerpo y sus dolencias.

jueves, 19 de septiembre de 2019

VIVIR TU IKIGAL





Tener plena conciencia de las razones para vivir apasionadamente es el secreto de la felicidad y de la longevidad de los habitantes de la isla de Okinawa en Japón. Lo llaman IKIGAI, un arcano escondido en nuestro interior.

Una de las cosas que te sorprenden cuando llevas un tiempo viviendo en Japón es lo activa que sigue la gente incluso después de jubilarse. Un gran número de japoneses siguen trabajando en lo que les gusta mientras su salid se lo permite. De hecho, no hay una palabra en japonés que signifique jubilarse con el significado  de “retirarse para siempre” como en Occidente.

Algunos estudios sobre la longevidad sugieren que la vida en comunidad y tener un Ikigai (una razón de ser o sentido de la vida) son tan o más importantes que la saludable dieta japonesa. Este concepto está especialmente arraigado en Okinawa, una isla de las llamadas “zonas azules”, los lugares en el mundo donde las personas son más longevas. 
En esta isla hay más personas mayores de cien años por cien mil habitantes que en cualquier otra región del planeta.

Además de vivir más años que el resto de la población mundial, padecen menos enfermedades crónicas (cáncer o dolencias cardíacas) y meno afecciones inflamatorias. Y su sangre presenta un nivel más bajo de radicales libres (responsables del envejecimiento celular) debido a la cultura del té y a la costumbre de comer sin saciar del todo el estómago. Los casos de demencia tienen también un índice notablemente más bajo que la media y la menopausia en las mujeres es mucho más suave.

Los investigadores resaltan que una parte importante de la salud y longevidad de los nativos de Okinawa se debe a su actitud Ikigai ante la vida.

Claves para vivir tu Ikigai.

Mantente siempre activo, nunca te retires. Quien abandona las cosas que ama y sabe hacer, pierde el sentido de su vida. Por eso, incluso después de haber terminado la vida laboral “oficial” es importante seguir haciendo cosas con valor, continuar avanzando, aportando belleza y utilidad a los demás, ayudando y dando forma a nuestro pequeño mundo.

Tómatelo con calma. Las prisas son inversamente proporcionales a la calidad de vida. Como dice un viejo proverbio: “Caminando despacio se llega lejos”. Cuando dejamos atrás las urgencias, el tiempo y la vida adquieren un nuevo significado.

No comas hasta llenarte. También en la alimentación para una vida larga “menos es más”. Según la ley del 80%, para preservar la salud mucho tiempo, en lugar de atiborrarse hay que comer un poco menos del hambre que tenemos.

Rodéate de buenos amigos. Son sin duda, el mejor elixir para disolver preocupaciones con una buena charla, contar y escuchar anécdotas que aligeren la existencia, pedir consejo, divertirnos juntos, compartir, soñar…en suma vivir.

Ponte en forma. El agua que se mueve, fluye fresca y no se estanca. Del mismo modo, tu vehículo para la vida, el cuerpo, necesita un poco de mantenimiento diario para que pueda durar muchos años. Además el ejercicio físico hace segregar las hormonas de la felicidad.

Sonríe. Una actitud afable hace amigos y relaja a la propia persona. Está bien darse cuenta de las cosas que están mal, pero no hay que olvidar el privilegio de estar aquí y ahora en este mundo lleno de posibilidades.

Reconecta con la naturaleza. Aunque la mayoría de los seres humanos vivan en ciudades, estamos hechos para fundirnos con la naturaleza. Necesitamos regularmente volver a ella para cargar las pilas del alma.

Da las gracias. A tus antepasados, a la naturaleza que te provee de aire y de alimento, a tus compañeros de vida, a todo lo que ilumina tu día a día y te hace sentirte dichoso de estar vivo aquí y ahora, Dedica un momento cada día a dar las gracias  aumentaras de esta manera tu caudal de felicidad.

Sigue tu Ikigai. Dentro de ti hay una pasión, un talento único que da sentido a tus días y te empuja a dar lo mejor de ti mismo hasta el fin. Si no lo has encontrado todavía, como decía el neurólogo y psiquiatra austriaco Viktor Franki, tu próxima misión será encontrarlo. Dedícate a ello.

Vive el momento. Deja de lamentarte por el pasado y deja de temer lo que pueda pasar en el futuro. Todo lo que tienes es el día de hoy y a quienes te rodean. Dale el mejor uso posible para que sea un tiempo que merezca ser recordado, por ti y por los demás.