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viernes, 29 de marzo de 2024

NORMALIZAR LO QUE TE HACE DAÑO




Adaptación autodestructiva: Cuando normalizas lo que te hace daño

A veces normalizamos el sufrimiento, convenciéndonos de que no hay salida. Sin embargo, aceptar lo que duele cuando Sí hay salida, nos daña y nos fragmenta. Ahora bien, sabiéndolo, ¿Por qué lo hacemos?

Si nos pinchamos con la espina de una flor, lo sentimos. Sin embargo, en ocasiones, puede ocurrir que esa misma espina se nos quede clavada un tiempo. Sabemos que está ahí, pero el dolor ahora es diferente. Tanto, que hasta podemos aguantar un tiempo hasta que decidimos extraerla. En las relaciones humanas, a veces, sucede lo mismo, dándose lo que se conoce como adaptación autodestructiva.

Las personas podemos llegar a normalizar el sufrimiento de formas llamativas e insospechadas. Es más, la mayoría desconocemos hasta qué punto llega nuestra capacidad innata de adaptación. Esto lo vemos a menudo en entornos laborales: hay quien llega a pasar décadas en un puesto en el que se denigren sus derechos o donde llega a sufrir acoso o mobbing.

¿Aguantamos por el sueldo? ¿Por tener un salario a fin de mes? A veces, es mucho más que el tema monetario. Uno puede seguir en ese trabajo denigrante porque se dice a sí mismo aquello de “es lo que toca”, “el trabajo está mal en todos los sitios”- Así, y a través de esas verbalizaciones y auto-justificaciones, uno se adapta sin sentir el peso de la fractura psicológica que supone algo así.

La adaptación auto-destructiva va más allá del mero masoquismo y encierra detrás una serie de realidades que vale la pena conocer.

Adaptación auto-destructiva:

El fenómeno de la adaptación auto-destructiva lleva años estudiándose en el campo de la psicología. No deja de ser cuanto menos algo llamativo e inexplicable visto desde fuera. Los comportamientos auto-destructivos y no regulados podían entenderse desde un único punto de vista: aquél en el que uno obtiene algo a cambio.

Por ejemplo, toda conducta adictiva, como puede ser el consumo de alcohol o las drogas, resulta dañina. Sin embargo, la persona obtiene placer a cambio, de ahí, la adicción y la auto-destrucción. Lo mismo ocurre con prácticas como el cutting o la autolesión. En este caso, el dolor físico actúa como válvula de escape del dolor emocional.

Ahora bien…¿Qué explicación podemos darle a quien lleva años en una relación de pareja infeliz? ¿Por qué una persona que es traicionada de manera constante por otra sigue manteniendo ese vínculo? ¿Qué beneficio puede obtener alguien que sigue en un puesto de trabajo denigrante?

Profundicemos en las posibles causas:

Para comprender las causas que median a veces en la adaptación auto-destructiva podemos ir a las bases: a la personalidad humana. Aunque nos sorprenda, existe un perfil que se orienta hacia estas prácticas lesivas hasta el punto de normalizarlas. Fue Theodore Millon, psicólogo estadounidense pionero en la investigación sobre la personalidad, quién nos habló de él por primera vez.

La personalidad auto-destructiva cae una y otra vez en el mismo tipo de relaciones dañinas. Se mueven voluntariamente entre personas que las engañan y decepcionan. Normalizan el maltrato porque orientan sus relaciones en la dependencia absoluta. Para Theodore Millon la adaptación auto-destructiva era a menudo un rasgo de trastorno límite de la personalidad.

Personalidad masoquista

Más allá de la personalidad autodestructiva hay otro tipo de patrón conductual. Hablamos de la personalidad masoquista, la cual entraría ya dentro de una categoría clínica muy concreta: el trastorno masoquista.

En un estudio realizado por el doctor Otto Kemberg, nos define cuáles serían sus características:

Se devalúan a sí mismas de manera constante.

No tienen en cuenta sus necesidades.

No buscan involucrarse en actividades placenteras.

Se auto-sacrifican para ayudar a otros.

Tendencia a normalizar (e incluso a buscar) experiencias de dolor y sufrimiento.

Negativa a ser ayudados, es más, tienden a rehuir a todo aquel que los trate con respeto.

Cuando lo único que hemos conocido siempre es el sufrimiento

Ver cómo alguien tolera hasta límites insospechados el sufrimiento no deja de contrariarnos. Sin embargo, antes de juzgar es necesario comprender.

Imaginemos a alguien que ya en su infancia sufrió maltrato físico y psicológico. Alguien que ya desde época temprana entendió que el amor a veces se acompaña de humillaciones y que quien te quiere, te hace llorar y sufrir. Algo así explica sin duda por qué muchas personas toleran el dolor y no reaccionan.

La adaptación auto-destructiva y el miedo al cambio

¿Qué va a ser de mí si dejo esta relación, dónde voy a ir? Si me decido a dejar este trabajo…¿Dónde voy, qué salidas tengo?. La resistencia al cambio en el ser humano es un factor al que no le prestamos la suficiente atención. En ocasiones, está tan arraigado y sitúa tanto lastre a nuestro potencial y bienestar que llega a ser patológico.

Son esas situaciones en las que el miedo al cambio es más aterrador que la propia experiencia que se está viviendo. La adaptación auto-destructiva tiende a normalizar de tal manera el dolor y la humillación que no se atisba otra forma de vida.

Romper la red de araña que teje la adaptación auto-destructiva requiere nutrir la autoestima y establecer una distancia desde la cual, percibir lo que está sucediendo. Tener a alguien que nos ayude es indispensable sin embargo, todo depende de nosotros mismos. De nuestra decisión y convicción, de que no merecemos seguir tolerando lo intolerable.


viernes, 17 de noviembre de 2023

FIN DE LA CULPA



Tus sentimientos, tus emociones, estás energías que están vivas en tu cuerpo ahora mismo, no los ha causado nadie más, y nadie más puede manejarlos. Ahora que ya eres una persona madura solo tú eres responsable de tus sentimientos.

Esta comprensión puede acabar con el juego de la culpa de una vez por todas, y te deja ahí, de pie, justo en el lugar en el que reside tu verdadero poder: el momento presente.

Sí, es cierto que los demás pueden desencadenar el dolor y la pena que ya estaban latentes en ti, pero no hacer que te sientas como te sientes. No pueden crear sentimientos dentro de ti-y, ciertamente, tampoco pueden experimentarlos por ti-. Tu responsabilidad está en cómo respondes a los sentimientos y los pensamientos incómodos, que tipo de relación tienes con ellos.

Nadie puede hacerte feliz. nadie puede hacerte infeliz.  Lo único que ocurre es que constantemente te invitan  a encontrarte con esas partes de ti con las que aún no te has encontrado, a entrar en contacto con todo aquello de ti mismo con lo que nunca has querido entrar en contacto.

Hacer a los demás responsables de cómo nos sentimos es el comienzo de toda violencia, tanto interna como externa, es el comienzo de todo conflicto entre personas y, en última instancia, de las guerras entre naciones.

No metas a los demás en la trampa. Honra lo que está vivo y es real en ti ahora mismo. Aprende a sostener tus propios sentimientos como si se tratase de niños a los que amas, sin importar con cuánta intensidad reclamen tu atención. 

Celebra la vitalidad que hay en tu dolor, lo vibrante y latente de tus desilusiones, la electricidad que corre por tu tristeza. Arrodíllate ante el poder de tu ira cuando te enfadas. venera su feroz creatividad.

Cuando adoptas una posición de profunda aceptación, no te vuelves débil ni pasivo. Todo lo contrario. Simplemente entras en el mundo con una actitud de no violencia y, por lo tanto, de inmenso poder creativo, y estás abierto a la posibilidad de escuchar en profundidad, de establecer un diálogo honesto, abierto a cualquier cambio inesperado.

Cuando sufres, te vuelves pequeño. Cuando amas, todo es posible. 

La senda del reposo. Jeff Foster



viernes, 6 de agosto de 2021

LA ALEGRÍA



 La alegría es una emoción básica. Es una emoción que se expresa hacía el exterior, y tiende a expresarse todavía más cuando la compartimos con los demás. Quizás no haya alegría plena si no se comparte con los otros.

En la alegría me encuentro con el niño que tengo dentro y lo comparto con los demás, la alegría y la felicidad van juntas. Me siento más libre, lleno de fuerza y siento que la vida tiene sentido. Siento que la vida merece la pena a pesar de todas las sombras.

El sentimiento de alegría de un niño pequeño es uno de los sentimientos más bonitos que hay en la naturaleza. El niño tiene mucha capacidad de sorprenderse. Se sorprende por todo y ante todo, porque no vive desde la mente. Cuando no estamos tanto en la cabeza, cuando nos encontramos bien y a gusto, cualquier cosa nos sorprende e ilusiona y brota la alegría.

El buen humos, la alegría, es una emoción muy sana y muy necesaria también para las personas adultas. La risa y la carcajada nos desbloquean el diafragma y nos permiten soltar ansiedades, angustias o miedos retenidos en nuestro interior. Con la alegría el cuerpo se abre, se ensancha y la cara refleja la alegría en la sonrisa y en la risa.

La risa estimula la producción de endorfinas, una clase de hormonas liberadas en el cerebro. estas sustancias actúan como un analgésico natural y, por tanto, disminuyen la intensidad de la sensación de dolor produciendo un estado de placer y bienestar. Actúan favoreciendo la acción del sistema nervioso parasimpático y con ello facilitan un estado más relajado.

Además aumenta la flexibilidad muscular y la capacidad inmunitaria. Por el contrario, está demostrado, que emociones como la ansiedad, el miedo y el estrés disminuyen la capacidad inmunitaria de nuestro organismo.

La alegría y la felicidad van de la mano y aunque las circunstancias exteriores nos influyen, la verdadera alegría no viene de fuera sino brota de nuestro interior. La verdadera alegría depende más de nuestra actitud ante la vida que de los factores externos. No depende tanto de lo que tenemos sino de lo que somos. Lo que tenemos, incluidas las personas, no es nuestro, es "prestado" y un día lo vamos a tener que dejar.

En la alegría influye mucho la aceptación de uno mismo y la autoestima. estar a gusto con nosotros mismos y con lo que hacemos. 

La alegría es la otra cara del sufrimiento. El sufrimiento tiene mucho que ver con las resistencias que oponemos a las situaciones que nos trae la vida o las expectativas o esperanzas que no se cumplen. La alegría de vivir tiene que ver con la capacidad de vivir aquí y ahora y la de aceptar las situaciones de la vida. Aceptación, NO resignación NI sometimiento. 

Decía Carl G. Jung: " No podemos cambiar nada a menos que no aceptemos"

La alegría es  el entusiasmo que surge del sentirse vivo y el del gozo de vivir.

domingo, 25 de julio de 2021

TU COMPAÑERO INTERNO


 Tu crecimiento interno depende por completo de que te des cuenta de que el único modo de hallar paz es dejar de pensar en ti mismo. Estás preparado para crecer cuando finalmente te das cuenta de que el "yo" que siempre está pensando en tu interior no va a sentirse nunca satisfecho. Siempre tiene un problema con algo. Y si eres sabio te darás cuenta  de que, cuando el problema actual desaparezca, llegará otro nuevo.

El fondo de la cuestión es que nunca estarás libre de problemas hasta que te liberes de esa parte interna tuya que tiene tantos. Si quieres alcanzar la paz en medio de tus problemas debes entender por qué percibes una situación particular como algo problemático. Si tienes celos, en lugar de mirar cómo puedes protegerte, pregúntate: "¿Qué parte de mí está celosa?" Esto hará que mires adentro y veas que hay una parte de ti que está teniendo un problema de celos.

El hecho mismo de que puedas ver la perturbación significa que tú no eres ella. el proceso de ver  algo requiere una relación sujeto-objeto. al sujeto se le llama "el testigo", porque es el que ve lo que está ocurriendo. El objeto es lo que estás viendo, que en este caso es la perturbación interna.

Este acto de mantener una conciencia objetiva de la perturbación interna es mejor que extraviarse en el problema externo.

La única solución permanente a tus problemas es entrar en tu interior y soltar esa parte de ti que parece tener tantos problemas con la realidad. Hay un modo de abstraerte de tus inquietudes, para ello, basta con que te observes a ti mismo cuando te sientas nervioso, temeroso, enfadado o celoso. No necesitas pensar en ello ni analizarlo, basta con que te des cuenta de tu estado.  Céntrate en quién es el que ve todo eso.

Hay una distancia entre tu y la ira, el temor o los celos. Tú eres el que estás allí dentro notando estos estados. Cuando te asientas en la conciencia del testigo eres capaz de librarte de inmediato de estas perturbaciones personales. Comienza simplemente observando, sin más. Solo date cuenta de que percibes lo que está ocurriendo allí. Es muy fácil.

Lo que notarás es que estás observando la personalidad de alguien que, como todo ser humano, tiene potencias y debilidades. Es como si estuvieras observando a alguien que estuviera allí contigo. De hecho es como si tuvieras un "compañero de habitación".

Si quieres conocer a tu compañero de habitación, simplemente prueba a instalarte dentro de ti durante un rato en completo silencio y soledad. Tienes todo el derecho de hacerlo; de hecho, tu espacio interno es tu dominio.

sábado, 19 de junio de 2021

COMO AYUDAR



Tal vez sea el momento de dejar de "arreglar" a quienes tienes enfrente, de dejar de darles respuestas o resolver sus problemas. No eres muy bueno en eso, amigo mio. Tu naturaleza no es la manipulación, sino la presencia; no es la división, sino la totalidad.

Quizá sea hora de dejar de fingir ser la autoridad que todo lo sabe, el maestro infalible, el experto que está completamente sanado. Puede que, incluso con tus mejores intenciones, estés interfiriendo inconscientemente en sus procesos naturales de curación. Podrías estar generándoles una dependencia respecto a ti, distrayéndolos de confiar profundamente en su propia experiencia de primera mano. Al tratar de arreglarlos, el mensaje que les estás comunicando es: "Tienes un fallo. Hay algo mal en ti".

Recuerda, sentirse peor podría ser justamente lo que necesitan antes de comenzar a sentirse mejor. Puede que precisen sentir su dolor con mayor intensidad antes de abrirse a la verdadera fuente de la sanación. Tal vez tengan que morir a quien pensaban que eran antes de poder vivir realmente. Lo que es verdad para ellos, también lo es para ti. Y esto es sin duda algo que se debe tener en cuenta.

Relájate. Respira. Sal del drama. Reconoce tu deseo de cambiarlos, de sanarlos o incluso simplemente de calmarlos. Pero limítate a escuchar sin juzgar y a tratar de comprender el lugar que ocupan en este momento. Ponte en su piel. Observa y ve claramente lo que tienes delante de ti.

Tal vez la mayor ayuda que puedas ofrecer en este momento sea tu claridad y tu intención libre de perjuicio; tu interés, tu comprensión, tu curiosidad. Transmiteles eso, sé esa presencia, ofreceles esa apertura. Mantente completamente abierto a soluciones que ni siquiera han brotado aún. Sé la intención silenciosa, y llegarán sin esfuerzo las palabras, las acciones, las intervenciones y las decisiones correctas.

Haz que su momento sea sagrado  no huyendo de él, quedándote ahí. Sé un espejo que refleje su propia capacidad de estar presentes. Confía en el ancestral misterio de la sanación. 

Puede que la verdadera medicina aparezca tan solo cuando dejes de interponerte. Sí, los fármacos y los buenos consejos pueden aminorar o incluso eliminar los síntomas, pero tal vez haya una invitación a una sanación espiritual mucho más profunda aguardando escondida justo bajo la superficie.

Fuente: Jeff Foster

La senda del reposo..

lunes, 4 de enero de 2021

TÚ ERES EL UNO



No busques amor. No salgas de ti mismo para tratar de encontrarlo en otra persona. El amor no es un objeto, ni se puede dar ni se puede quitar.

No es un sentimiento, un estado ni una experiencia cumbre, sino lo que es, la Presencia misma.

No confundas el amor con la atracción, la atracción viene y va, puede disminuir con el tiempo o puede irrumpir inesperadamente con la fuerza de un volcán. No confundas el amor con tus deseos, pues estos también son impermanentes y transitorios. 

No lo confundas con sentimientos de felicidad o de placer, con la excitación del sistema nervioso. Estos estados pasajeros no pueden durar mucho --durar no es algo que esté en su naturaleza--. Incluso las promesas que hoy parecen tan seguras y probablemente hacemos con la mejor de las intenciones pueden desvanecerse el día de mañana, romperse y olvidarse.

Sin embargo el amor no se desvanece. No es algo que pueda disminuir con el tiempo. No es una mercancía, una forma de intercambio. El amor es un campo que se extiende dentro de nosotros, fuera de nosotros y entre nosotros, un campo en el que los pensamientos, los sentimientos e incluso los planes para el futuro que más sólidos y estables nos parecen pueden aparecer y desaparecer. 

El amor incluye tanto la esperanza como la pérdida, tanto el entusiasmo como el hastío, tanto la más terrible decepción como la más dichosa felicidad. El amor es el campo en el que aparecen las formas cambiantes, el suelo que nos sostiene al caminar, al sentarnos, al hablar o callar, cuando experimentamos nuestros sentimientos en presencia de los demás, cuando nos ocupamos de los asuntos cotidianos, cuando comemos, cuando tenemos esperanzas por algo, cuando nos despedimos, y también cuando intentamos amar.

El amor es mucho más grande que nosotros. No lo generamos con nuestras palabras, con nuestras acciones ni con nuestras intenciones, pero no obstante estamos constantemente acogidos en su seno, sostenidos por él en su inmensidad, sin importar lo que hagamos o dejemos de hacer. Nos casamos, nos divorciamos; somos amigos, somos amantes; nos separamos, sufrimos juntos; nacemos, morimos....Pero el campo permanece imperturbable.

Nadie nos ha dado nunca su amor; esa es la mayor ilusión. Simplemente a veces la presencia del otro hace que lo recordemos, que reconozcamos la eternidad en medio de lo cotidiano  y que después le adjudiquemos el mérito a esa otra persona. Pero lo cierto es que el amor jamás ha venido de fuera de nosotros, simplemente entramos en contacto con nuestra propia Presencia, nos rendimos al amor que somos y que nos es imposible no ser.

E igualmente nunca nadie nos ha arrebatado el amor; simplemente nos hemos olvidado de él y hemos "culpado" a la otra persona. Y después buscamos el amor de nuevo, percibiendo su ausencia, perdiéndonos en el relato del "amor perdido", quedando atrapados una vez más en el drama del que se ha quedado "solo".

Y sin embargo, el amor siempre estuvo ahí, incluso en su propia ausencia aparente. Estaba presente incluso en la pérdida, pues no se puede fracturar; una ola nunca puede aplastar al océano. 

No busques el amor, no busques la luz, sé tú mismo esa luz, ofrécela. La alegría que proviene de amar a otro es infinitamente mayor que la que proviene de buscar el amor de otro o aferrarte temerosamente a él, porque muy en el fondo sabes perfectamente bien que es una ilusión, que aquello que siempre has anhelado jamás puede provenir de fuera de ti. Tu eres el UNO; siempre has sido el UNO.

Y la búsqueda termina exactamente donde comenzó, en la Presencia. Pero desde el punto de vista del amor, no ha ocurrido nada. Nada en absoluto.

Fuente La senda del reposo. Jeff Foster