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martes, 25 de agosto de 2026

SINCRONICIDADES



SINCRONICIDADES

Cuando la vida parece hablarnos

Hay momentos en los que una coincidencia parece tener demasiado sentido para ser simplemente casual.

Pensamos intensamente en alguien y esa persona aparece. Abrimos un libro al azar y encontramos una frase que responde exactamente a una pregunta que llevábamos días haciéndonos. Escuchamos una conversación, vemos un símbolo o llegamos a un lugar aparentemente por accidente, y sentimos que algo dentro de nosotros reconoce ese instante.

A este tipo de experiencias, Carl Gustav Jung las llamó sincronicidades: acontecimientos que no necesariamente están unidos por una causa directa, pero que adquieren un significado especial para quien los vive.

Jung no las entendía simplemente como supersticiones. Le interesaba especialmente la relación entre el mundo exterior y el mundo interior, y la posibilidad de que ciertos acontecimientos coincidieran con momentos psicológicos importantes.

Quizá por eso las sincronicidades suelen llamar nuestra atención cuando estamos atravesando cambios, dudas o procesos de transformación.

Pero hay algo todavía más interesante.

No siempre aquello que la vida parece mostrarnos es agradable.

A veces la coincidencia aparece a través de una persona que nos irrita profundamente, de una situación que se repite una y otra vez o de un conflicto que parece perseguirnos.

Y ahí podemos encontrarnos con otro de los grandes conceptos de Jung: la Sombra.

La Sombra representa aquellas partes de nosotros mismos que no queremos reconocer. Emociones, deseos, miedos, fragilidades o aspectos de nuestra personalidad que hemos aprendido a esconder porque no encajan con la imagen que queremos tener de nosotros mismos.

Sin embargo, aquello que ocultamos no desaparece.

Muchas veces vuelve a nosotros a través de nuestras relaciones.

Por eso determinadas personas pueden producirnos reacciones especialmente intensas. No necesariamente porque sean iguales a nosotros, sino porque pueden activar algo que todavía no hemos comprendido o integrado.

Desde esta perspectiva, algunas coincidencias significativas podrían actuar como una especie de espejo.

Quizá la vida no nos esté diciendo exactamente qué debemos hacer. Tal vez simplemente esté señalando dónde debemos mirar. Una relación que se repite puede estar mostrando un patrón. Una persona que despierta una emoción desproporcionada puede estar tocando una parte de nuestra Sombra.

Desde una mirada espiritual, las sincronicidades suelen interpretarse como señales de conexión: pequeños encuentros entre nuestro camino interior y una realidad más amplia.

No podemos demostrar que el universo esté enviándonos mensajes personales. Pero tampoco necesitamos convertir cada coincidencia en una señal sobrenatural para reconocer su valor. Lo verdaderamente importante puede ser la pregunta que despierta en nosotros.

¿Por qué esto me ha impresionado tanto?

¿Qué parte de mí se ha sentido reconocida?

¿Qué estoy evitando mirar?

Quizá las sincronicidades no vengan a decirnos cuál es nuestro destino. Quizá vengan a interrumpir, durante unos segundos, la rutina con la que creemos comprender nuestra vida.

Y en esa pequeña grieta puede aparecer algo nuevo.

Una intuición.

Una pregunta.

Un recuerdo.

O incluso una parte de nosotros mismos que llevaba demasiado tiempo esperando ser escuchada.

Tal vez la verdadera señal no esté fuera.

Tal vez lo que ocurre fuera simplemente consiga, por un instante, hacer visible aquello que ya estaba intentando despertar dentro de nosotros.

 

lunes, 17 de marzo de 2025

RUMORES



Los chismes se estrellan contra oídos inteligentes.

“¡No te vas a creer de lo que me acabo de enterar! Te lo voy a contar, pero no se lo digas a nadie”.

Cuando escucho esto, lo primero que pienso es: “Si nadie se puede enterar, mejor ni me lo cuentes”. Pero claro, luego recuerdo que el chisme tiene una función de pegamento social y soporto estoicamente durante un tiempo prudencial como para poder cambiar la conversación sin parecer demasiado grosera.

Sin embargo, los rumores son tan antiguos como la humanidad. Y su mecanismo de base siempre es el mismo: hay una persona que inventa el rumor desvirtuando la realidad, se lo sirve en bandeja de plata a la persona chismosa para que lo difunda y un tercer ingenuo se lo cree sin ofrecer ninguna resistencia.

Por suerte, el rumor se estrella contra la barrera que representa el oído de una persona inteligente que comprende que no tiene ningún sentido prestar atención a las habladurías y mucho menos difundirlas.

Los rumores son como un pegamento social.

Gordon Allport explicaba que los rumores sirven para que las personas se cohesionen entre sí y se posicionen frente a alguien más. Generalmente objeto del rumor. En práctica, el acto de contar un chisme adquiere un carácter íntimo, de manera que la persona chismosa le está diciendo a su interlocutor que le estima lo suficiente como para revelarle un “secreto”, aunque la mayoría de veces se trata de un secreto a voces.

En muchos casos, el chisme contiene una alarma implícita, es una indicación de que la opinión pública está en contra de algo, por tanto, se convierte en una especie de “advertencia de amigo”. Desde esta perspectiva, nos permite posicionarnos e integrar el grupo que se ha formado contra la persona o entidad que representa los antivalores que se deben combatir. En esos casos, el chisme sería una especie de “carta de invitación” al club.

Sin embargo, debemos tener cuidado porque en muchos casos los rumores se convierten en un mecanismo de control social que le otorga poder a quien lo difunde. Dado que la persona chismosa posee “información privilegiada”, también adquiere cierto poder sobre el grupo receptivo que le cree, un poder que le permitirá manipularlos.

Los rumores canalizan las incertidumbres, miedos y ansiedades.

Los rumores sirven para canalizar las incertidumbres y ansiedades de las personas. De hecho, para que los rumores surjan y sean creíbles, debe existir un contexto de ambigüedad. En otras palabras, la difusión del chisme dependerá de la importancia que le confieren al asunto las personas implicadas y del grado de desconocimiento sobre el tema.

Eso significa que para que un rumor se difunda, tiene que hacer cierta resonancia en nuestras creencias y expectativas.

Un ejemplo perfecto fue lo que le sucedió a la compañía P&G en 1980. Se difundió que su logotipo, en el que se apreciaba un hombre en la luna, en realidad representaba a un diablo con cuernos y con el número “666” oculto. Las personas comenzaron a pensar que la compañía apoyaba a sectas satánicas y dejaron de comprar sus productos, causándole pérdidas millonarias.

En realidad, el rumor fue difundido por cuatro compañías de la competencia, que llamaban a los católicos a unirse para afrontar esa perversidad. P&G los llevo a juicio y tuvieron que resarcirle con 19 millones de dólares pero el daño ya estaba hecho, muestra de ello fue que en 1991 la compañía elimino los detalles supuestamente diabólicos y en 1995 cambiaron por completo su logo.

El rumor se detiene con inteligencia.

Un rumor es una forma de manipulación emocional, por lo que la mejor arma para hacerle frente es la inteligencia y la lógica. Informarse, sin caer en sesgos cognitivos, también es fundamental ya que el rumor se ceba de la ambigüedad y el desconocimiento.

Según Allport, el rumor se crea pasando por estos tres procesos, de manera que solo persiste apenas en 30% de la realidad:

1-Nivelación. El rumor se acorta, restándole detalles y complejidad a la historia, lo cual ayuda a su difusión.

2-Agudización. Se enfatizan y exageran ciertas características del rumor para lograr que sea más memorable.

3-Asimilación. Se distorsiona según los perjuicios, las parcialidades, los intereses y las agendas preexistentes de las personas que quieren difundir el rumor, para lograr que haga resonancia emocional.

Por lo tanto, ante el rumor, lo mejor es actuar con inteligencia. Cuando te cuenten algo que invoca una consecuencia esperada (los rumores de deseos)  o que aluda a consecuencias temidas o decepcionante (los rumores temibles)., piénsatelo dos veces antes de creerlo y, sobre todo, no lo difundas.

 

jueves, 28 de noviembre de 2024

TU LUNA EN EL SIGNO DE SAGITARIO




LUNA EN EL SIGNO DE SAGITARIO


La Luna en Sagitario combina el principio mutable con el elemento fuego. Sagitario es el tercer signo de fuego. El fuego es un temperamento del yo que está relacionado con el desarrollo de la personalidad y, en Sagitario, con la individualidad del propio pensamiento.
El desarrollo del yo empieza en el signo de Aries, en Leo se pone a prueba y en Sagitario se produce la individualización. Por eso, la Luna Sagitario ama tanto la independencia, aspira constantemente a la libertad y siempre tiene un punto de vista propio. Esta tan intensamente unida al pensamiento que éste actúa de forma importante en los sentimientos.

La Luna Sagitario está abierta a todo tipo de contactos, se interesa por todo lo vivo, orgánico y natural. Tiene un gran corazón, mucha comprensión por las debilidades y errores de las personas y una gran generosidad al juzgar que influye beneficiosamente en el entorno. No se siente extranjera en ningún lugar y se adapta fácilmente a los acontecimientos.

Las personas con Luna Sagitario son positivas y, a pesar de las experiencias negativas, continuamente recuperan la fe, el coraje y la energía vital. Buscan conocimientos de forma apasionada y son lectores ávidos para expansionar sus conocimientos y perfeccionarse.
Son filósofos por naturaleza, y se sienten impulsados a encontrar respuesta adecuada a preguntas de gran profundidad sobre la vida.

De la misma manera que la Luna Géminis, la del signo opuesto, la Luna Sagitario tiene también un destacado sentido del humor que, en determinados casos, puede manifestar como burla. Con su amor por la verdad pueden poner el dedo en la llaga de sus semejantes y, lo hacen pensando que con ello no pueden herir los sentimientos de los demás. Debido a esa sinceridad sin miramientos, a veces, se hacen impopulares. En la mayoría de casos, la capacidad de adaptación no está demasiado desarrollada porque el principal deseo del signo Sagitario es encontrar la verdad y nada más que la verdad.

La Luna Sagitario no soporta el disimulo, enseguida intenta aclarar las cosas. No oculta la verdad, ya ha ganado muchas batallas con la agresividad de sus palabras. En el nivel material, reacciona de forma muy egoísta y subjetiva, es muy individual y, no permite que se le diga lo que tiene que hacer.

Está identificada con su yo emocional, da pasos imprevisibles que raramente pueden calcularse con antelación. A las personas con Luna Sagitario no se las puede programar o prever, reaccionan espontánea e individualmente.

 En la Luna Sagitario, las ideas se imponen sobre los sentimientos, y se originan formas mentales,  ideas fijas que justifica y defiende a toda costa. Son formas mentales cristalizadas que proceden del intelecto, verdades, conceptos, ilusiones que están alejadas de la realidad y del amor. Estas personas interpretan el rol de juez, juzgan a los demás y se hacen impopulares, la gente las evita, y se apartan de su camino. Son personas solitarias que deambulan a grandes pasos por la Tierra y que hablan de amor aunque no son amados.

Las personas con la Luna Sagitario creen que pueden hacer y decidirlo todo solas, no permiten que se les den consejos, se sientan en su “elevado trono” y desde ahí miran despectivamente a la mediocridad terrenal, lo saben todo mejor que nadie. Esto puede hacer que en ocasiones sean injustas dándole la vuelta a la verdad para su conveniencia.

De sus debilidades hacen virtudes e incluso una filosofía que presentan como buena a los demás. No les gusta sentirse atadas ni obligadas a dar gracias, prefieren organizarlo todo ellas mismas. El yo reclama mucha libertad e independencia, muchas veces, esta reivindicación no está justificada pero sin embargo la reclaman.

Las Luna Sagitario tienen miedo al compromiso, a perder la fuerza de expansión Que Júpiter les otorga al ser su regente. Para ellas, las relaciones son siempre voluntarias, si alguna ejerce presión sobre ellas, se van. Evidentemente, no se llevan bien con la fidelidad, si se les ofrece una relación o un amor de forma espontánea, aprovechan la oportunidad, ya que según su filosofía el verdadero amor solo puede experimentarse de forma espontánea.

Como en todos los signos mutables, aquí también hay una contradicción; quieren el amor, pero no asumir ni obligaciones ni responsabilidades.

El cuerpo emocional no es el más adecuado para la individualización, esto lo hace mejor el Sol, y sin embargo, estas Lunas tienen esta tendencia. Muchas son incapaces de amar.
Tienen un fuerte concepto de su propia singularidad y lo irradian en forma de energía mental. Se trata de una ideología sobre el propio mundo emocional, sobre el cual se construyen su propio sentido que más tarde deberá ser corregido.

Superación.

Para las personas con Luna Sagitario, la crisis de transformación se activa en el signo opuesto Géminis. Es el principio que reduce y equilibra el propio orgullo, entonces estas personas experimentan que no son tan especiales como creían y que deben desarrollar una cierta humildad para poder llegar a aprender y a sentir.

Las reivindicaciones de singularidad llegan a superarse en la soledad, cuando nadie quiere saber nada de ellas. Al final de la crisis, puede desarrollarse el regente esotérico, la Tierra, y, al mismo tiempo, pueden establecerse relaciones completas a todos los niveles. Entonces, el amor se experimenta como un acontecimiento universal, en donde no hay ni alto ni bajo, ni rico ni pobre.

En otras palabras, la Luna Sagitario, mediante su sentimiento de necesidad de amor, llega a conocer que no sirve de nada experimentar en solitario la belleza de la existencia, y que, en cambio, en común, le ilumina un disfrute de la vida más elevado. Experimenta que debe entregarse a otras personas, que debe dirigirse hacia alguna meta en el amor. Comprende que no puede funcionar de forma tan libre y, al mismo tiempo exigir amor.

Debe aprender a pensar en los demás y darse cuenta de que los necesita para ser feliz, además, debe llegar a esta conclusión por sí misma y a estar dispuesta a hacer cualquier cosa por las personas amadas.

Esta entrega a los demás debe de ser verdadera, real y autentica, el regente esotérico, la Tierra, no admite decisiones a medias. Con la Luna Sagitario transformada, el pensamiento y el sentimiento actúan conjuntamente. Corazón y cabeza están unidos. Entonces estas Lunas son dignas de confianza, pueden explicar las cosas desde un punto de vista superior y hacerlas comprensibles.

La Luna siempre tiene que ver con el amor, el gran principio, y cuando la Luna Sagitario sale de la crisis está purificada, dispuesta a experimentar. Está convencida de que el amor lo cura todo y, comunica esta verdad a todas las personas.

Normalmente, las Lunas Sagitario tienen capacidades pedagógicas y de educación. Como maestras trabajan con objetivos filosóficos y quieren refinar la imagen del ser humano. La tendencia a lo lejano es una fuerza que impulsa hacia adelante, que da lugar a nuevas esperanzas. Así pues, están siempre dispuestas a hacer algo para la innovación y tienen suficiente coraje para intervenir en donde predominan circunstancias o estados antisociales. De forma alegre, esperanzada y con fe, se dirigen siempre hacia nuevas experiencias
.
El pensamiento semilla indica esta capacidad:

“Veo la meta, alcanzo la meta y veo la siguiente”

miércoles, 13 de noviembre de 2024

SUELTA EL PASADO



SI NO SUELTAS  EL PASADO, NO PODRAS AFERRAR EL FUTURO.

Sería fácil afirmar que el pasado no existe. Si comprendemos el tiempo como una línea unidireccional y lo dibujamos sobre el suelo, parándonos justo en un punto que señale nuestro presente, es fácil ver que el pasado ha quedado atrás. Sin embargo, para las personas que han sufrido una pérdida importante, han sido víctimas de un trauma o que simplemente no se encuentran a gusto en su presente, el pasado sigue siendo muy real. Para esas personas, su presente es su pasado.

En esos casos, la persona vive aferrada a sus recuerdos rememorando continuamente imágenes que pertenecen a su pasado. Para quien vive anclado en otro tiempo, esa parálisis le impide disfrutar de su presente y planificar su futuro. A veces, puede llegar a sentir que el pasado es un bucle infinito que se repite cada día y, por más que intenta quitárselo de la mente, no lo logra. ¿Cómo salir de esa espiral?

El primer paso: Comprender el gran cambio interior que está ocurriendo.

Las vivencias importantes se quedan grabadas en nuestro cerebro, conformando nuestra línea de la vida. Esto nos permite mirar atrás y comprender quienes somos y cómo hemos llegado hasta aquí. Esa línea biográfica le confiere cierto sentido y orden a nuestra existencia.

Sin embargo, cuando sufrimos un trauma o una pérdida importante, esas vivencias no se graban normalmente sino que permanecen activas en nuestro cerebro. Esa es la razón por la cual podemos revivir los sucesos dolorosos una y otra vez, a veces con extraordinaria nitidez.

Lo que sucede es que en realidad no hemos procesado esas vivencias, no las hemos incorporado en nuestra historia de vida porque aún no las hemos aceptado. Somos conscientes de que han ocurrido, pero emocionalmente no las hemos aceptado, por lo que no pueden pasar a formar parte de nuestra narrativa vital.

De hecho, cuando se produce una pérdida importante o un trauma con “T” mayúscula, la primera reacción suele ser la negación. Nuestra mente racional comprende lo que ha sucedido, pero nuestra mente emocional se niega a aceptarlo.

¿Por qué ocurre esto?

Porque no estamos preparados para aceptar lo ocurrido. No contamos con los recursos psicológicos necesarios para procesar la vivencia. Por tanto, nuestra mente activa un mecanismo de autoprotección, dejando esa vivencia en una especie de “limbo”.

En algunos casos, no somos capaces de procesar y aceptar lo ocurrido porque primero necesitamos realizar un profundo cambio en la imagen que tenemos de nosotros mismos. Dado que esos sucesos deben insertarse en nuestra biografía, también dicen algo de nosotros, algo que no siempre estamos dispuestos a aceptar sin presentar batalla, ya que puede ir en contra del autoconcepto que nos hemos formado.

En esos casos, la mente considera que esos contenidos son “peligrosos”, y los relega a otra zona, hasta que contemos con los recursos psicológicos necesarios para procesarlos e incorporarlos en nuestra historia vital, con los cambios en el autoconcepto que ello implica.

Para lograrlo necesitamos tiempo. Esos cambios no se producen de un día para otro, debemos pasar por una serie de fases en las que poco a poco vamos aceptando los sucesos y los cambios en nuestra manera de vernos que ellos acarrean.

El segundo paso: Asumir que el tiempo no cura las heridas, eres tú quien se cura a lo largo del tiempo.

Cuando las heridas son muy profundas y causan dolor, dejar que pase el tiempo no bastará es imprescindible tomar la decisión de dejar el pasado atrás.

Al respecto, Viktor Frankl dijo:” si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento”. Eso significa que, llegados a cierto punto, después de ese momento en el que ya pasamos la etapa de la rabia y nos encontramos en la fase de tristeza, amenazando con convertirse en depresión, debemos tomar la decisión de aferrarnos al futuro y dejar ir el pasado.

Hay un momento en el que debemos activar todos nuestros recursos de auto-sanación y decidir, conscientemente, que necesitamos soltar amarras y seguir adelante. Debemos aprender a disfrutar de todas esas pequeñas cosas que pueden devolvernos el placer de vivir en el aquí y ahora y empezar a hacer planes para el futuro.

La escritora Shannon L. Alder resumió este proceso: “Antes de que puedas volver a vivir, una parte de ti debe morir. Debes dejar ir lo que podía haber sido, cómo podías haber actuado o lo que podías dicho o hecho de una manera diferente. Debes aceptar que no puedes cambiar las experiencias pasadas. Cuando finalmente reconoces esa verdad, serás capaz de comprender el auténtico significado del perdón a ti mismo y a los demás. Entonces serás realmente libre y podrás abrazar el futuro”


sábado, 26 de octubre de 2024

TU LUNA EN EL SIGNO DE ESCORPIO



Luna en Escorpio.

En signo de Escorpio esta combinado con la cruz fija y el elemento agua. Desde el punto de vista de la cruz, se tiende a la seguridad y la estabilidad y, debido al agua estas exigencias se producen en el plano emocional.

Escorpio es el signo de los extremos, por eso, la Luna, como yo emocional está sometida en este signo a fuertes transformaciones, por lo que siempre está ocupada en buscar emplazamiento firme para no perderse en la vorágine de los sentimientos.

En las relaciones experimenta los opuestos, simpatía y antipatía, atracción y repulsión, amor y odio. A menudo, oscila entre el bien y el mal y no puede percibir bien la línea de demarcación. En medio de esta tensión, se vuelve creativa y encuentra siempre una  salida de las situaciones difíciles, no se doblega y es capaz de sacarse del pantano tirando de su propia coleta. A partir del amor, crecen en ella insospechables fuerzas con las que puede regenerarse y asumir privaciones y sacrificios. 

De forma valerosa y luchadora se arriesga por aquellos que ama o por los que ha asumido responsabilidad. No le asusta reconocer los propios errores, toma las medidas preventivas para que no vuelvan a ocurrir y se propone seriamente eliminarlos. De forma crítica, busca faltas tanto en su propio carácter como en el de los demás, con ello puede poner el dedo en la llaga y frecuentemente herir a los otros, lo cual ha menudo, es mal aceptado. A sí misma tampoco se trata de una forma delicada, siendo esto un proceso de depuración que en determinados casos extremos pueden ser autodestructivos. Los típicos procesos de muerte y renacimiento de Escorpio no dejan a la Luna en paz.

Los dos extremos de vida o muerte llevan a la Luna de Escorpio a situaciones de “o esto, o esto” sobre todo en relaciones de amor o pareja, donde a menudo ella misma destruye el amor al que se quiere agarrar, mientras le imputa la pérdida a la pareja. Las personas con esta configuración o bien están apasionadamente dispuestas a encontrar pareja bajo cualquier circunstancia o bien renuncian desde un principio para ahorrarse sufrimiento. En el fondo saben que la anhelada unidad o simbiosis, no existe.

En este signo se encuentra la sabiduría arquetípica de que nada es permanente porque la vida y la muerte están muy cerca la una de la otra y el carácter efímero de la existencia debe ser asumido. Muchas personas con la Luna en Escorpio tienen un gran miedo a los posibles cambios y problemas, tal vez por eso continúan manteniendo relaciones y parejas insostenibles, o bien porque se sienten culpables o porque tienen miedo de las consecuencias de la separación.

En la totalidad del eje Tauro/Escorpio actúa la ley de dar y recibir, también de la economía, este comercio de amor dice: “Yo te doy esto, a cambio, tú me das amor”. A disposición de la Luna Escorpio, se encuentra todo el eje de posesiones que representa uno de los arquetipos más antiguos que la humanidad ha producido: Tauro en cuanto al impulso de alimentarse y, Escorpio en cuanto al impulso de reproducirse.

 Ambos impulsos aspiran a su satisfacción y pueden volverse peligrosos si no se satisfacen. En este eje se construyen las autodefensas, domina la ley: “Ojo por ojo, diente por diente”. Revancha, desquite, venganza etc. No en vano, se la llama el eje de la mafia, en donde el chantaje es lo corriente.

Una Luna Escorpio tiene ese contenido en sí, si esto se emplea como revancha y castigo o como potencial de alto desarrollo, depende del nivel de desarrollo de la persona, que en todo caso, tiene a su disposición todo el campo arquetípico de posesión y defensa.

Superación:

Una Luna Escorpio se supera a lo largo de toda su vida, pero también puede negarse y rechazar la transformación, la cual va del regente exotérico Marte al esotérico Plutón, el que puede dirigir la fuerza de voluntad en dos direcciones, o bien se practica conscientemente la limpieza y la depuración, o bien toda la fuerza de voluntad se emplea en retrasar la transformación defendiendo su posición.

Solo cuando la Luna Escorpio quiere continuar creciendo y esta cansada de sufrir se atreve a dar el salto, superando el miedo a la extinción del yo, se deja caer en el abismo y es recogido al vuelo por una fuerza cósmica que no es de este mundo. Pero para dar este paso adelante debe estar dispuesto a dejarlo todo tras de sí; debe querer por sí mismo esa transformación en la oscuridad de la noche, sino el Escorpio se queda en la estacada y se hunde en el materialismo.

La Luna Escorpio purificada y trasformada puede volverse más distendida y, entonces, ya no se lo toma todo tan en serio, como si se tratara de vida o muerte. Puede aprender a estar por encima de esto y a establecer este mecanismo como fuerza purificadora en el entorno. Puede liberar su psique, su aura y toda su personalidad del miedo y llevarles la luz. Hoy en día, una de las tareas de las Lunas Escorpio es la purificación de la psique de toda la humanidad para liberarla de todos los miedos negativos, de las aplicaciones destructivas del poder y de la agresividad.

Tienen la fuerza mágica para determinar si Plutón entra en juego para causar autodestrucción o para la construcción de un mundo mejor, su fuerza es la obra mágica de la purificación psíquica, cuando la usa conscientemente puede influenciar en la mente de las personas de forma positiva, llevando la luz a las oscuras tortuosidades de la psique de los demás, bien como sanador, terapeuta o transformador de energías espirituales.
La Luna es víctima en tanto sea dependiente y está detenida, cuando el miedo sea mayor que el coraje necesario para entregarse a esa transformación.

 La Luna Escorpio puede experimentar “la segunda muerte”, en la que conscientemente y sin miedo camina por un “suelo en llamas” y deviene cada vez más purificada hasta que como el ave Fénix resurge de las cenizas y vuela hasta lo más alto, para allí recibir la última purificación, la metamorfosis de Plutón. Entonces la fuerza escorpiana se hace efectiva como fuerza de curación.

Para la Luna Escorpio es importante saber que no solo hay muerte sino también renacimiento. Es el discípulo triunfante en Escorpio que deja que la Luna y el yo infantil se vuelvan creativos. En algún momento debemos volver a ser como niños para poder renacer de nuevo.

El pensamiento semilla esotérico de Escorpio expresa este renacimiento:

“Guerrero soy, y de la batalla salgo triunfante”.

domingo, 20 de octubre de 2024

PERSONALIDAD TOXICA



La personalidad tóxica según Robert Stemberg está cada vez más presente en nuestra sociedad. Un modo de reducir su impacto y protegernos de ella es trabajando nuestra inteligencia emocional, nuestros valores y nuestra sabiduría.

El resentimiento: es la cárcel que nos impide avanzar.

Las personas con necesidad de arreglar a los demás.

Pedir disculpas, reparar daños: algo que nunca hará un narcisista.

Robert Stemberg, todo un referente en psicología en materia de personalidad e inteligencia, realizo un artículo hace muy poco sobre la personalidad tóxica. Definió este perfil como altamente dañino, poco ético y muy hábil en cuanto a explotación emocional, egoísmo y arrogancia. Así, según este profesor de Yale, estamos ante un tipo de personas que contaminan cada vez más nuestra sociedad.

Llama la atención que alguien como Stemberg se acerque también hasta ese concepto, el de la “toxicidad”. No falta quien discrepa, quien ve en este término cierta falta de rigurosidad y sí mucho de esa psicología popular que a menudo empapa nuestras conversaciones. Sin embargo, esta palabra parece simbolizar muy bien un tipo de comportamiento que la mayoría identificamos con facilidad.

Stemberg empieza reflexionando en su artículo sobre los avances y retroceso de nuestro mundo. Señaló, por ejemplo, el importante aumento de nuestro coeficiente intelectual (dos desviaciones estándar respecto al siglo pasado). Ahora bien, algo que por sí mismo sería sin duda más que alentador, se viene abajo por un detalle poco optimista.

Según este experto en personalidad e inteligencia parece que, en general, no utilizamos nuestra inteligencia a favor del progreso de la propia humanidad. Muchos de nuestros líderes políticos demuestran, por ejemplo, una personalidad tóxica tan dañina tan dañina como peligrosa para todos nosotros. Es más, si hay algo que necesitamos, es educar a nuestros jóvenes en el propio reverso de lo que simboliza la toxicidad: la sabiduría.

Veamos a continuación más datos en los que reflexionar que nos propone Robert Stemberg:

“La educación y la sensibilidad son las claves para crecer como seres humanos”

-Robert Sternberg-

La personalidad tóxica seduce y contamina

El artículo de Stemberg se titula, “Sabiduría, insensatez y toxicidad en el desarrollo humano”.  Como educador y figura destacada en este campo de la psicología, el célebre profesor de Yale se pregunta por qué las personas más sabias, humildes y bienintencionadas no tienen tanta transcendencia en nuestra sociedad o en nuestros escenarios empresariales.

En este trabajo se nos advierte de que cada vez estamos más “contaminados” por este tipo de presencias, por esta personalidad tóxica que limita en mucho nuestro auténtico potencial humano. Así, en un intento de comprender un poco más este perfil, Robert Stemberg nos desgrana punto por punto las características que suelen identificar.

La toxicidad y la triada oscura

La personalidad tóxica está relacionada en algunos casos (no en todos) con lo que se conoce como la triada oscura. Este tipo de perfil está conformado por tres rasgos muy concretos:

Narcisismo: comportamiento tendente a la grandiosidad, el egoísmo y la vanidad.

Maquiavelismo: se relaciona con una personalidad fría y calculadora.

Psicopatía: impulsividad, falta de conciencia y empatía, búsqueda de emociones y tendencia a las conductas delictivas.

La toxicidad y la triada oscura se vinculan en puntos confluentes como son, por ejemplo, la explotación, el trato injusto, la arrogancia y dominancia, así como la falta absoluta de conexión emocional con aquellos que les rodean.

La toxicidad necia y la persona tóxica con alta inteligencia.

Robert Stemberg advierte que hay dos tipos de personalidad tóxica:

En primer lugar encontramos al tóxico necio. Es aquel que sin tener una inteligencia destacable, se vale de seguidores para proyectar el dominio y el acoso sobre los demás.

Asimismo, también está el tóxico inteligente, aquel que con un CI por encima de la media usa su ingenio para fines egoístas y hasta peligrosos.

La personalidad tóxica es lo opuesto a la sabiduría

Inteligencia no es lo mismo que sabiduría. Este último concepto se entiende como ese eslabón más elevado y noble del desarrollo humano y por tanto, es lo opuesto a la propia toxicidad.

La persona sabia es ética, es atenta, sensible a las necesidades ajenas y capaz de distinguir entre lo que es bueno y malo, lo que es útil y lo que no.

Asimismo, sabiduría es también disponer de capacidad analítica, de creatividad y habilidad para resolver problemas.

Las mentes sabias saben hacer justicia mediante la honestidad y la franqueza. No entienden de egoísmos, no buscan el poder y se guían siempre por los más elevados valores.

Cultivarnos como personas no caer en la toxicidad

Robert Sternberg señala que por curioso que parezca, la personalidad tóxica siempre es más atractiva socialmente que la persona sabia. Tiene más recursos en cuanto a seducción, sabe escalar posiciones y termina ocupando espacios retirando a quienes serían más válidos (y valiosos) para nuestro avance como sociedad.

Así, algo que nos sugiere el profesor de Yale es que trabajemos en nosotros mismos. Es necesario que invirtamos en sabiduría para frenar la toxicidad, para no contaminarnos, protegernos de ella y evitar caer en estas mismas dinámicas. Estas serían por tanto unas sencillas estrategias para lograrlo:

Debemos entrenar y dar forma a un tipo pensamiento más flexible y menos dogmático.

Es necesario que potenciemos la inteligencia emocional.

Hay que reflexionar sobre los propios pensamientos, sentimientos y creencias.

Debemos invertir en el estudio de los valores éticos en la filosofía, en el razonamiento…

Hay que valorar nuestra experiencia, sacar aprendizajes de lo aprendido en la vida.

Debemos enseñar a los niños que todo lo que se aprende puede usarse para bien o para mal.

Es necesario tomar conciencia de que el respeto y el bien generan impacto en todos nosotros.

Reflexionemos por tanto en estos puntos y escampemos este tipo de presencias adversas de nuestra cotidianidad para lograr una existencia más plena, más libre y digna para todos.


sábado, 19 de octubre de 2024

SEGUIR ADELANTE

 


Napoleón Bonaparte fue uno de los grandes estrategas militares de la historia. Su lema en cada batalla siempre era el mismo: “el éxito no está en vencer siempre, sino en no desanimarse nunca”. Parece que no desanimarnos ante las adversidades es clave para seguir luchando, a pesar de que a veces podemos pensar que todo está perdido.

El éxito, a cualquier nivel, requiere la capacidad de seguir adelante. Necesita que ejecutemos un plan, que perseveremos y en suma, que sigamos en el proceso en el que nos encontramos. Digamos que mantenerse en la línea de lo planificado, cubrir las etapas, planificar y replanificar nuestros objetivos son los pasos para no salirnos del camino elegido. Aunque, a veces, ese camino solo lo veamos cuesta arriba.

Quizás el secreto para vencer esté en que tengamos que luchar una batalla más de una vez para ganarla. De esta forma, debemos utilizar el dolor que nos produce el fracaso como gasolina para emprender el viaje hacia el éxito.

El secreto para no desanimarse nunca

La fuerza de voluntad para realizar una tarea es fundamental. Sin embargo, quizás lo es más la capacidad de no desanimarse o de reponerse tras ello. La elección personal de no decaer o de levantarnos tras la caída se terminará convirtiendo en una gran cualidad. Con el paso del tiempo, esta hará que nuestras acciones formen parte de una sucesión de tareas diarias, siendo la perseverancia será la base de todas ellas.

De este modo, la perseverancia parece tener un efecto mágico. Con ella, las dificultades son menos pesadas y los obstáculos más asequibles. De hecho, hasta que no comprendamos que nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado, no disfrutaremos verdaderamente del camino ni de lo conseguido.

“El modo más seguro de dar una vez en el clavo es haber dado antes cien veces en la herradura”.

-Miguel de Unamuno-

Seligman psicólogo y escritor estadounidense, llevó a cabo una serie de estudios en la Universidad de Pennsylvania sobre la perseverancia. En ellos demostró que aquellas personas que perseveran son más propensas a alcanzar el éxito. Seligman afirmó que “a menos que seas un genio, nunca podrás lograr éxito más allá de tus competidores sin contar con un atributo como la perseverancia“. Dato a tener en cuenta por tanto.

“La perseverancia es el trabajo duro que haces después de cansarte del trabajo duro que ya hiciste”.

-Newt Gingrich-

No desanimarse puede ser más fructífero que el éxito

El triunfo de la mayoría de los profesionales de diferentes ámbitos es fruto de sus errores y fracasos. Los obstáculos e inconvenientes son los que realmente ponen a prueba nuestro deseo de alcanzar una meta. 

Así, solo quienes se mantienen firmes, se animan a sortear las dificultades y a levantarse todas las veces que sean necesarias para conseguir aquello que se proponen. El verdadero secreto para alcanzar los logros personales consiste en no darse por vencido nunca y por supuesto en buscar opciones, alternativas y cultivar desde el esfuerzo.

No desanimarse es el ejemplo de la lucha constante de aquel que apuesta por sí mismo y por sus sueños.

Personajes históricos que no se desanimaron

La historia está plagada de personas que debieron asumir grandes fracasos y reponerse de ellos para alcanzar el éxito. Un primer ejemplo de esto es Charles Chaplin. Antes de convertirse en una estrella del cine estadounidense, fue rechazado varias veces por distintos productores que consideraban su modo de actuar poco interesante para la audiencia.

También The Beatles tuvieron unos duros inicios, tocando en tugurios durante 7 u 8 horas diarias. Al final, lo que se recuerda de ellos es el éxito que alcanzaron. Nadie ve más allá de los grandes conciertos en escenarios multitudinarios. Pocos valoran el esfuerzo y su capacidad de afrontar obstáculos.

Otro ejemplo de un personaje histórico que tuvo que sortear muchas dificultades fue Walt Disney.  Fue despedido por el editor del periódico en el que trabajaba por falta de imaginación y buenas ideas. Posteriormente, tuvo varios proyectos que fracasaron antes del estreno de su primer éxito: Blancanieves.

Y por último, cómo no hablar de una leyenda viva del baloncesto, Michael Jordan. Fue eliminado del equipo de baloncesto universitario en su segundo año por no tener suficiente estatura, pero jamás renunció a su sueño. Reconoció haber errado más de 9.000 tiros en su carrera, perdido casi 300 partidos y fallado en 26 ocasiones cuando se le confió el último tiro de un partido.

Una de sus frases más conocidas es la siguiente: “He fracasado una y otra vez en mi vida. Y por eso, soy exitoso”. En ella, nos enseña que no desanimarse nunca es la clave de la mayoría de los logros.

Estos ejemplos y muchos más conforman largas listas de aquellos que fueron rechazados en numerosas ocasiones y que, sin embargo, nunca se dieron por vencidos. 

En gran parte por eso, lograron alcanzar sus metas e incluso ir más allá de ellas. Y tú, ¿vas a seguir intentándolo?