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domingo, 3 de noviembre de 2024

AMOR Y DIGNIDAD





EL AMOR Y LA DIGNIDAD

 

El amor siempre tendrá un límite y es la dignidad. Porque ese respeto que cada uno tenemos por nosotros mismos tiene un precio muy alto y jamás aceptará rebajas con las que saciar un amor que no llena, que duele y vulnera.

 

Decía Pablo Neruda que el amor es corto y el olvido muy largo. Ahora bien, entre medias siempre queda esa “luz de luciérnaga” que se enciende de modo natural en las noches oscuras para indicarnos dónde está el límite, para recordarnos que es mejor un largo olvido que un largo tormento en el que terminemos vendiendo nuestra dignidad.

 

Lo creamos o no, la dignidad es ese hilo frágil y delicado que tantas veces comprometemos, que puede quebrarse hasta descoser los vínculos de nuestras relaciones afectivas.

 

Son muchas las ocasiones en que cruzamos esa frontera sin querer hasta dejarnos llevar por unos extremos en los que nuestros límites morales se vuelven débiles, pensamos que por amor todo vale la pena y que cualquier renuncia es poca. Porque el amor y la dignidad son dos corrientes en un océano convulso, en el cual incluso el marinero más experimentado puede perder el rumbo.

 

El orgullo y la dignidad del amor propio

 

A menudo suele decirse que al orgullo lo alimenta el ego y a la dignidad el espíritu. Sea como sea, estas dos psicológicas son dos habitantes cotidianos en las complejas islas de las relaciones afectivas y que, en ocasiones, suelen confundirse.

 

El orgullo, por ejemplo, es un enemigo sobradamente conocido que suele asociarse al amor propio. No obstante, va un paso más allá, porque el orgullo es un arquitecto especializado en alzar muros y en tejer alambradas en nuestras relaciones, en aderezar con arrogancia con la ignorancia cada detalle y en hendir el victimismo en cada palabra. Aunque bajo todos estos actos destructivos, lo que se enmascara en realidad es una baja autoestima.

 

Por su parte, la dignidad es justo lo contrario. Actúa escuchando en todo momento la voz de nuestro “yo” para afianzar lo más bello del ser humano, como es el auto-respeto, sin olvidar el respeto por los demás. Aquí el concepto del amor propio adquiere su máximo sentido porque se nutre de él para protegerse sin dañar a otros: sin causar efectos “colaterales”, pero validando en todo momento la propia autoestima.

La dignidad tiene un precio muy alto

La dignidad no se vende, ni se pierde, ni se regala. Porque una derrota a tiempo siempre será más digna que una victoria si logramos salir “enteros” de esa batalla, con el rostro bien alto, el corazón entero y una tristeza que acabarán desinfectando los años y las ilusiones renovadas.

En el amor sano y digno no caben los martirios ni las resignaciones, esas en las que nos decimos que todo vale con tal de estar al lado del ser amado. Porque en realidad, donde nos posicionamos es en su sombra, ahí donde ya no quedarán más días soleados para nuestro corazón ni aliento para nuestras esperanzas. Para evitar caer en estas convulsas corrientes afectivas, vale la pena reflexionar en las siguientes cuestiones  que, sin duda, pueden servirnos de ayuda:

En las relaciones los sacrificios tienen fronteras que señalizar

No estamos obligados a dar respuesta a todos los problemas de la pareja, a ofrecerle aire cada vez que respire ni a tener que apagar tu luz para que él o ella brille. Recuerda dónde está el auténtico límite: en tu dignidad.

El amor se siente, se toca y se crea cada día

Si no percibimos nada de esto, no servirá de nada pedirlo, y menos esperar sentados a que acontezca un milagro que no tiene sentido. Asumir que ya no somos amados es un acto de valentía y que nos evitará derivar en situaciones tan delicadas como destructivas.

El amor jamás deberá ser ciego

Por mucho que se defienda esta idea, siempre será mejor ofrecerse a alguien con los ojos bien abiertos, el corazón encendido y la dignidad muy alta. Solo entonces seremos auténticos artesanos de esas relaciones que valen la pena, donde respetar y ser respetados, donde crear cada día un escenario sano donde no “todo vale”, sin juegos de poder ni sacrificios irracionales.

La dignidad es y será siempre el reconocimiento de que somos merecedores de cosas mejores. Siempre será mejor una soledad digna a una vida de carencias, a relaciones incompletas que nos hacen creer que somos actores secundarios en el teatro de nuestras existencias. No lo permitas, no pierdas tu dignidad por nadie.

 

sábado, 19 de octubre de 2024

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Napoleón Bonaparte fue uno de los grandes estrategas militares de la historia. Su lema en cada batalla siempre era el mismo: “el éxito no está en vencer siempre, sino en no desanimarse nunca”. Parece que no desanimarnos ante las adversidades es clave para seguir luchando, a pesar de que a veces podemos pensar que todo está perdido.

El éxito, a cualquier nivel, requiere la capacidad de seguir adelante. Necesita que ejecutemos un plan, que perseveremos y en suma, que sigamos en el proceso en el que nos encontramos. Digamos que mantenerse en la línea de lo planificado, cubrir las etapas, planificar y replanificar nuestros objetivos son los pasos para no salirnos del camino elegido. Aunque, a veces, ese camino solo lo veamos cuesta arriba.

Quizás el secreto para vencer esté en que tengamos que luchar una batalla más de una vez para ganarla. De esta forma, debemos utilizar el dolor que nos produce el fracaso como gasolina para emprender el viaje hacia el éxito.

El secreto para no desanimarse nunca

La fuerza de voluntad para realizar una tarea es fundamental. Sin embargo, quizás lo es más la capacidad de no desanimarse o de reponerse tras ello. La elección personal de no decaer o de levantarnos tras la caída se terminará convirtiendo en una gran cualidad. Con el paso del tiempo, esta hará que nuestras acciones formen parte de una sucesión de tareas diarias, siendo la perseverancia será la base de todas ellas.

De este modo, la perseverancia parece tener un efecto mágico. Con ella, las dificultades son menos pesadas y los obstáculos más asequibles. De hecho, hasta que no comprendamos que nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado, no disfrutaremos verdaderamente del camino ni de lo conseguido.

“El modo más seguro de dar una vez en el clavo es haber dado antes cien veces en la herradura”.

-Miguel de Unamuno-

Seligman psicólogo y escritor estadounidense, llevó a cabo una serie de estudios en la Universidad de Pennsylvania sobre la perseverancia. En ellos demostró que aquellas personas que perseveran son más propensas a alcanzar el éxito. Seligman afirmó que “a menos que seas un genio, nunca podrás lograr éxito más allá de tus competidores sin contar con un atributo como la perseverancia“. Dato a tener en cuenta por tanto.

“La perseverancia es el trabajo duro que haces después de cansarte del trabajo duro que ya hiciste”.

-Newt Gingrich-

No desanimarse puede ser más fructífero que el éxito

El triunfo de la mayoría de los profesionales de diferentes ámbitos es fruto de sus errores y fracasos. Los obstáculos e inconvenientes son los que realmente ponen a prueba nuestro deseo de alcanzar una meta. 

Así, solo quienes se mantienen firmes, se animan a sortear las dificultades y a levantarse todas las veces que sean necesarias para conseguir aquello que se proponen. El verdadero secreto para alcanzar los logros personales consiste en no darse por vencido nunca y por supuesto en buscar opciones, alternativas y cultivar desde el esfuerzo.

No desanimarse es el ejemplo de la lucha constante de aquel que apuesta por sí mismo y por sus sueños.

Personajes históricos que no se desanimaron

La historia está plagada de personas que debieron asumir grandes fracasos y reponerse de ellos para alcanzar el éxito. Un primer ejemplo de esto es Charles Chaplin. Antes de convertirse en una estrella del cine estadounidense, fue rechazado varias veces por distintos productores que consideraban su modo de actuar poco interesante para la audiencia.

También The Beatles tuvieron unos duros inicios, tocando en tugurios durante 7 u 8 horas diarias. Al final, lo que se recuerda de ellos es el éxito que alcanzaron. Nadie ve más allá de los grandes conciertos en escenarios multitudinarios. Pocos valoran el esfuerzo y su capacidad de afrontar obstáculos.

Otro ejemplo de un personaje histórico que tuvo que sortear muchas dificultades fue Walt Disney.  Fue despedido por el editor del periódico en el que trabajaba por falta de imaginación y buenas ideas. Posteriormente, tuvo varios proyectos que fracasaron antes del estreno de su primer éxito: Blancanieves.

Y por último, cómo no hablar de una leyenda viva del baloncesto, Michael Jordan. Fue eliminado del equipo de baloncesto universitario en su segundo año por no tener suficiente estatura, pero jamás renunció a su sueño. Reconoció haber errado más de 9.000 tiros en su carrera, perdido casi 300 partidos y fallado en 26 ocasiones cuando se le confió el último tiro de un partido.

Una de sus frases más conocidas es la siguiente: “He fracasado una y otra vez en mi vida. Y por eso, soy exitoso”. En ella, nos enseña que no desanimarse nunca es la clave de la mayoría de los logros.

Estos ejemplos y muchos más conforman largas listas de aquellos que fueron rechazados en numerosas ocasiones y que, sin embargo, nunca se dieron por vencidos. 

En gran parte por eso, lograron alcanzar sus metas e incluso ir más allá de ellas. Y tú, ¿vas a seguir intentándolo?


lunes, 6 de diciembre de 2021

EL SINDROME DE ECO: LA FRACTURA DE LA AUTOESTIMA




El síndrome de Eco define a esas personas que influenciadas por una figura narcisista, han dejado de atenderse a sí mismas para nutrir emocionalmente a los demás.

El síndrome de Eco tiene su origen en aquella ninfa de la montaña que castigada por Hera, repetía las últimas palabras de toda conversación. En la actualidad, esta figura mitológica simboliza a muchas de esas personas que luchan en su día a día por tener voz propia, por visibilizarse…Algo que casi nunca logran porque tienen muy cerca de ellos a  un narcisista.

Uno de los términos más novedosos en el ámbito psicológico es sin duda el del ecoísmo. Aunque la raíz de este término nos evoque quizá ideas relacionadas con el medio ambiente, en realidad dicha dimensión hunde sus raíces precisamente en aquella oréade del Monte Helicón enamorada de un bello pastor llamado Narciso.

Fue el doctor Craig Malkin, profesor de psicología en la Escuela de Medicina de Harvard y psicólogo clínico, quien introdujo por primera vez la palabra ecoísmo  en el libro “Redefinir el narcisismo: el secreto para reconocer y hacer frente a los narcisistas”. Tras esta publicación tanto el público como la comunidad científica se interesaron significativamente con ese nuevo rasgo de personalidad que acababa de definir.

El ecoísmo hace visible a esa parte de la población que, de algún modo, vive presionada o condicionada por una figura narcisista. Son personas afectuosas y emocionalmente sensibles pero que sienten una gran incomodidad cuando son el centro de atención. Temen expresar sus necesidades y priorizan las de los demás, son perfiles pasivos y poco asertivos debido a la presión de una pareja, unos padres o por un entorno habitado por el narcisismo.

Síndrome de Eco: origen y características

En los próximos años oiremos hablar de este término con frecuencia. El síndrome de Eco adquiere cada vez más interés entre el público porque el comportamiento narcisista (y su efecto) se extiende de forma visible en nuestros entornos. De hecho, estudios llevados a cabo en la Universidad de Bochum (Alemania) y publicado en la revista  Public Library of Science, nos señala que redes sociales como Facebook nos permiten ver este aumento creciente.

Son por tanto muchas las personas que sienten cómo en su día a día este tipo de perfil tiende a limitar su identidad y ante todo, su autoestima. Por otro lado, si analizamos el propio mito de Eco nos daremos cuenta de un aspecto singular. Esta ninfa era la más asertiva y brillante a la hora de llevar una conversación.  Todo el mundo quedaba rendido a sus pies ente su oratoria, gracia e ingenio en la palabra.

Tanto era así que el propio Zeus la utilizaba para entretener a Hera mientras él aprovechaba para estar con otras mujeres. Así, el día que la diosa se dio cuenta del engaño castigó  a la Ninfa quitándole la voz, lo único que podía hacer era repetir las últimas palabras ajenas.

Ahora bien, cabe decir que el mayor tormento para Eco llegó cuando se enamoró de Narciso y este se rio de ella por su singular característica. Fue entonces cuando se sumió en la más profunda tristeza.

Ese rechazo, esa humillación fue más dolorosa que perder la voz. El ecoísmo integra esa misma esencia. Todos pudimos ser en el pasado personas hábiles, relucientes y fuertes en cuanto a valías psicológicas. Sin embargo. la presencia de un narcisista puede anularnos por completo en un momento dado, llevarnos a esa cueva del monte Helicón donde se refugió Eco.

¿Cómo es una persona con síndrome de Eco?

El síndrome de Eco no define solo a una persona con baja autoestima o incluso con un problema de dependencia. Esta realidad psicológica es más compleja.

Son personas con gran sensibilidad emocional.

Saben escuchar a los demás, son muy empáticos. Sin embargo, no se sienten cómodos ni seguros expresando sus necesidades a los demás.

No aprecian sus valías y rara vez reconocen sus logros.

Son esas personas que no toman iniciativas por no molestar a otros, que declinan proyectos si piensan que pueden suponer algún tipo de molestia o problema para los demás.

El síndrome de Eco tiene a menudo su origen en una infancia donde alguno de los progenitores tenía una personalidad narcisista. Sus necesidades emocionales y personales fueron desatendidas e incluso negadas.

Ahora bien, hay un aspecto crucial que define también a estas personas: son muy conscientes de lo que les ocurre. Tienen grandes luchas internas, intentan imponerse, buscan recuperar su voz, poner límites dejar claras sus necesidades. Sin embargo no siempre lo logran y ello les aboca a tener constantes conflictos internos.

A su vez, es común que los ecoistas mantengan relaciones afectivas con narcisistas. Hay una retroalimentación entre ambos perfiles, ahí donde unos nutren y otros reciben y donde rara vez hay una plenitud o satisfacción real en la pareja.

¿Es el síndrome de Eco un trastorno psicológico?

El síndrome de Eco no es un trastorno psicológico. Este es un aspecto que conviene dejar claro. El ecoísmo es solo un rasgo, un rasgo que conforma un tipo de mecanismo de supervivencia poco hábil y que puede resumirse del siguiente modo: “si yo quiero estar seguro y recibir afecto, debo pedir lo menos posible y dar todo lo que pueda”.

Esta idea se articula por efecto de una infancia basada en ese tipo de apego inseguro donde un narcisista enterró todas las necesidades emocionales del niño. Poco a poco aprenden a no tener voz, a vivir en silencio, a no molestar en exceso pero a ser esa figura clave para que otros narcisistas puedan desplegar sus artimañas.

Todos podemos emerger de estas cuevas personales. Eco se sirvió de Némesis para pedir venganza, sin embargo, no hace falta llegar a estos extremos. Porque el castigo que recibió Narciso no ayudó a que la Ninfa recuperara su oratoria, su maravillosa habilidad para comunicar a través del don de la palabra

Basta solo con trabajar la autoestima, con entender que merecemos ser visibles, tener voz, expresar necesidades y nutrirnos de afecto y dignidad a nosotros mismos. Porque a veces, tampoco viene mal hacer como ese bello pastor y mirar nuestro reflejo para recordar cuánto valemos.

Valeria Sabater.