lunes, 11 de mayo de 2020

COMPLEJO DE BRUNILDA




El complejo de Brunilda, es el que, tras convertir a tu pareja en un “superhéroe” es transformada en un “villano”.

¿A qué nos referimos al hablar de complejo de Brunilda? ¿De dónde procede su nombre? Pero, antes de comenzar a profundizar sobre el complejo de Brunilda, ¿Qué se entiende por complejo?

En Psicología, los complejos se refieren al conjunto de sentimientos inconscientes, adquiridos por experiencias vividas durante la infancia y que condicionan nuestra personalidad.

La palabra complejo fue aplicada por primera vez en la psicología por Carl G. Jung y difundida por la discusión del psicoanálisis freudiano.

Además de los complejos de conocimiento más conocidos, existen otros que poseen la particularidad de llevar el nombre de personajes históricos, personajes de dibujos animados, figuras mitológicas o protagonistas de obras literarias o bíblicas.

¿Quién era Brunilda?

Brunilda en la mitología nórdica es considerada una valquiria. Las Valquirias eran semidiosas vírgenes armadas con coraza, escudo y  yelmo, y estaban dotadas de una fuerza excepcional.

Algunos autores las consideran un nexo de unión entre Odín (dios de la guerra) y los héroes muertos en batalla, o lo que es lo mismo, entre el mundo delos vivos y de los muertos.

El nombre de valquiria quiere decir “las que eligen a los caídos”. A pesar del aspecto terrorífico y fiero que se les confiere, también destacan su belleza física y su inteligencia. Ellas mismas participan en las luchas y obedecen las órdenes de Odín dando la victoria a aquellos que el dios desea; finalmente conducen a los muertos al Valhalla.

Brunilda desobedeció a  Odín al matar a uno de sus mejores guerreros sin su consentimiento. Después de este acto, Odín destierra a Brunilda y la induce a un profundo sueño. En él, se encuentra en un castillo en llamas custodiado por un dragón y sólo podrá ser salvada por un héroe capaz de entrar en la fortaleza y besarla.

La historia de Sigfrido y Brunilda

Sigfrido, héroe de la mitología germánica, fue a rescatar a Brunilda de su maldición. Dio muerte al dragón que custodiaba el castillo con la espada de Odín, la capa mágica de invisibilidad y el anillo que le daba poder sobre el mundo y le proporcionaba adaptar la forma de su cuerpo a sus deseos.

Las valquirias, como Brunilda, solo se muestran dispuestas a contraer matrimonio con aquel hombre que logre vencerlas en infinidad de pruebas físicas. Y así fue, Sigfrido, que estaba preparado para superar cualquier prueba, despertó  a Brunilda con un beso y pasó las tres pruebas a las que ella le sometió.

Pero justo antes de besarla, Sigfrido con su anillo de poder se transformó en Gunter. Así, Brunilda aceptó casarse con Gunter, quien no poseía las dotes necesarias para pasar las pruebas. Pasado un tiempo, descubrió el engaño y al sentirse tan humillada exige a Odín la muerte de Sigfrido.

El complejo de Brunilda, ¿de qué se trata?

El complejo de Brunilda es un complejo inconsciente que aparece cuando, en una relación de pareja, la mujer, sumida en profundo enamoramiento, ensalza extremadamente a su pareja masculina, de tal manera que es considerado por ella como un “superhombre”, o como un ser extraordinario de otro planeta. Como consecuencia, estas mujeres se vuelcan por completo en la relación, a veces de una forma desmedida.

Pasado un tiempo, este “superhéroe” pasa a transformarse en un villano a los ojos de la mujer con complejo de Brunilda. Así comienza a ver los defectos de su pareja y a darse cuenta de que no era tan perfecto como pensaba al principio de la relación.

Normalmente, al comenzar una relación de pareja, sufrimos un sesgo atencional muy radical hacia lo positivo. Como hemos visto, el complejo de Brunilda va más allá. Podemos apreciar que las expectativas e ilusiones que tiene la mujer son bastante elevadas.

Sobrevalorar a una persona de una forma poco realista y a continuación, cuando la relación se encuentra algo más consolidada, desvalorizarla por completo.

lunes, 4 de mayo de 2020

AYUDA NATURAL PARA ALIVIAR LA PSORIASIS



La psoriasis es una enfermedad crónica no contagiosa de la piel, de origen genético en algunos casos y cuya causa hay que buscar usualmente en nuestro sistema inmunologico. 

Escamas. Lo que sucede es que se acorta la vida media de las células de la piel, que se acumulan en la superficie formando escamas, produciendo picor y, en ocasiones, dolor.
Síntomas. Incluyen piel muy seca y manchas rojas o color berenjena en las zonas de roce (codos ingles y rodillas),  que se cubren de escamas secas y plateadas. Los brotes pueden tener relación con el estado anímico y puede causar artritis.

Edad de riesgo. Es una enfermedad crónica que suele aparecer entre los 20 y 30 años y entre los 50 y los 60 años. No existen tratamientos realmente efectivos para curarla, pero sí remedios que pueden reducir su incidencia.

Sol, sal y emociones. 

Baños regulares. Una de kas máximas del control de la psoriasis es "sal y sol". En verano la incidencia es menor, por lo que se recomienda tomar regularmente baños de sol: la radiación ultravioleta B disminuye la síntesis de ADN y tiene efectos inmunorreguladores. Los baños de mar también son beneficiosos.

Relajación. Muchas enfermedades de la piel se alteran con los estados de estrés o el desanimo (los disgustos se suelen manifestar rápidamente en la piel), por lo que son convenientes técnicas y terapias como relajación, yoga y meditación.

Dieta y balnearios.

Dieta limpia. No existe una dieta especifica para la psoriasis, pero se recomienda evitar los alimentos picantes y seguir una alimentación simple y sin tóxicos.

Omega-3 y otros nutrientes. Los alimentos ricos en omega-3 (ciertos frutos secos, semillas de linaza) pueden ser útiles para nutrir y rehidratar la piel. Se recomienda, asimismo, un aporte regular de ácido fólico (espinacas, col, hoja de nabo y hojas verdes en general), vitamina A y carotenos (zanahoria, col, melón, tomate...) vitamina E (semillas, zinc (copos de avena, pipas de calabaza, alubias...), selenio (acelgas, ajo, aceites de linaza y onagra...) y enzimas que favorecen la digestión de las proteínas (piña, papaya).

Agua sulfurada. El agua sulfurada de los balnearios tiene un efecto antiinflamatorio en la piel, y capacidad antifungica, antibacteriana y antipruriginosa en las capas profundas de la epidermis. Es uno de los tratamientos de la psoriasis con mejores y más comprobados resultados.

No te alteres. Recuerda lo que he dicho al principio, la psoriasis es una enfermedad incurable, que puede volver en cualquier momento, especialmente si el clima no acompaña o tenemos un disgusto emocional. No alterarse por ello y llevarlo de la mejor manera posible ayuda a acortar y superar los episodios. 

Dr Josep Lluis Berdonces

4 PLANTAS QUE PROTEGEN TU PIEL.

Calaguala. El consumo de este helecho tropical de Centroamérica ha de ser por receta médica o en productos farmacéuticos o de herbodietetica. Consulta a tu médico.

Áloe vera. Nutre e hidrata. No tiene una acción espectacular, pero alivia el picor y parece reducir la descamación. Puedes utilizar un gel de áloe de calidad, o directamente el de la planta.

Aceite de onagra. Efecto antiinflamaciones y regenerador. que sea de calidad, como el que se obtiene abriendo una célula o cápsula, que no ha estado en contacto con el oxígeno.

Árbol del té. Efecto discreto, es un aceite bactericida y muy poco irritante, por lo que su uso en problemas de la piel nos evita una sobreinfección.

viernes, 1 de mayo de 2020

EL PODER DE NUESTRO "LADO OSCURO"





El poder de nuestro “lado oscuro” para superar la adversidad según Jung
“Encuentro epidemias, catástrofes, naturales, barcos hundidos, ciudades destruidas, terribles animales salvajes, hambruna, falta de amor en los hombres y miedo, montañas enteras de miedo”, escribió Jung en su “Libro Rojo”.
No era para menos. El psicoanalista estaba pasando por un periodo particularmente turbulento de su vida. Las noticias de la inminencia de la Primera Guerra Mundial lo conmocionaron profundamente. De hecho, llegaron en un momento particularmente difícil de su vida, justo cuando Jung había roto su relación con Freud, que no solo fue su mentor sino también un gran amigo.
Aquella fue una etapa de profunda desorientación y inseguridad interior para Jung. A eso se le sumo su trabajo en uno de los campamentos suizos donde se acogía a soldados enfermos y heridos en la guerra. En esos campos Jung vivió de cerca la mal llamada “gripe española”  que se cernió sobre Europa.
Esa época oscura y tumultuosa tendría un impacto profundo en su vida, pero Jung, no dejo que cayera en saco roto. La aprovecho para realizar un profundo trabajo de introspección del que salió fortalecido y con la firme convicción de que podemos superar la adversidad a través de la individualización.
Pensaba que para sanar nuestros traumas debemos concienciar nuestras sombras y miedos, de manera que alcancemos un “yo” más integrado y fuerte. “Cuando los conflictos más intensos se superan, dejan una sensación de seguridad y tranquilidad que no se perturba fácilmente”, según Jung, ese es el premio-
Las sombras que afloran en la adversidad
Cuando la adversidad toca a nuestra puerta suele poner del revés nuestro mundo. Su cuota de imprevisibilidad nos golpea aún más, haciendo que nuestro equilibrio mental se tambalee. En un abrir y cerrar de ojos podemos quedarnos sin asideros.  La adversidad puede arrebatarnos los puntos cardinales que hasta ese momento no solo daban un sentido a nuestra vida, sino que también nos indicaban, grosso modo, cómo deberíamos comportarnos.
En esas circunstancias todo se nos hace muy cuesta arriba. Y en ese estado que fluctúa entre el desconcierto por lo ocurrido y la ansiedad porque todo pase, podemos tomar decisiones de las que después nos arrepintamos. Mostrar  actitudes o comportamientos de los que más tarde no nos sintamos particularmente orgullosos. Venirnos abajo y tocar fondo emocionalmente. Descubrir debilidades y miedos que no conocíamos. Ver sombras que hubiésemos preferido que se mantuvieran en la oscuridad.  
De hecho, muchas veces lo que nos impide superar por completo la adversidad no es el hecho traumático en sí, sino lo que ha hecho aflorar de nosotros, esa parte que se llena de arrepentimientos, culpas y recriminaciones. La parte que se pregunta qué hubiera pasado si hubiésemos tomado otra decisión. Si hubiéramos actuado de otra manera. Si nos hubiéramos anticipado.
Aceptar y reconocer la oscuridad que habita en cada uno
Jung creía que tenemos una tendencia a ocultar los rasgos que no nos gustan o que no son socialmente aceptables. Como resultado, nos fragmentamos y desarrollamos una psique dislocada que se convierte en terreno fértil en el que crecen problemas como la ansiedad, la depresión y/o el trastorno de estrés postraumático.
Negar nuestras sombras no solo nos impide reconocer y aceptar nuestra totalidad, sino que también se convierte en una trampa recurrente. Jung pensaba que “aquellos que no aprenden nada de los hechos desagradables de sus vidas, fuerzan a la conciencia cósmica a que los reproduzca tantas veces como sea necesario para aprender lo que enseña el drama de lo sucedido. Lo que niegas te somete. Lo que aceptas te trasforma”.
En otras palabras, tropezamos tantas veces con la misma piedra porque nuestros comportamientos y decisiones nos llevan siempre hasta ella. No podemos esperar resultados diferentes si siempre hacemos lo mismo, parafraseando a Einstein. Por tanto, hasta que no cambiemos nos quedaremos atascados en el bucle que ha generado la adversidad.
Pero “no podemos cambiar nada, a menos que lo aceptemos. Es mucho mejor tomar las cosas como vienen con paciencia y ecuanimidad”,  como advirtiera Jung. Cerrar los ojos ante la realidad, pretendiendo que no está sucediendo, es una estrategia desadaptativa, tanto como negar la parte de nosotros que no nos agrada.
Por eso, la adaptación radical de la realidad y de esa parte más oscura de cada uno es una condición esencial para seguir avanzando, pasar página o cerrar capítulos de nuestra vida. No se trata de una aceptación pasiva, una rendición incondicional o un resignarse sino más bien de tomar nota para reestructurar nuestro mundo.
La clave para aceptar nuestras sombras y una realidad con la que no nos sentimos cómodos consiste en deshacerse de los juicios de valor, en dejar de pensar que la oscuridad es negativa o mala.
Jung propone una perspectiva diferente. Afirma que “uno no se ilumina imaginando figuras de luz, sino haciendo consciente la oscuridad. Incluso una vida feliz no es factible sin una medida de oscuridad, y la palabra felicidad perdería su sentido si no estuviera balanceada con la tristeza”
De hecho, creía que las sombras tienen un poder enorme que podemos utilizar para crecer como personas, siempre que seamos capaces de integrarlas en nuestro “yo”. Aceptar la sombra nos permite convertirnos en personas más equilibradas y conscientes de sí mismas, de manera que estaremos mucho mejor preparados para afrontar la adversidad.
Por ello, necesitamos comprender que la adversidad no se convierte automáticamente en una epifanía, tan solo nos brinda la oportunidad de crecer a través del sufrimiento. Si queremos. Las situaciones difíciles nos permiten poner a prueba nuestras fuerzas, expandir nuestros límites y, por supuesto, descubrir facetas personales desconocidas o poco exploradas.
Pero “todo cambio debe empezar en el propio individuo. Nadie puede darse el lujo de mirar a su alrededor y esperar a que otros hagan por nosotros aquello que es responsabilidad nuestra”, escribió Jung. Por tanto, tenemos dos opciones: nos convertimos en víctimas de las circunstancias o vamos más allá de la adversidad para desarrollar un nuevo nivel de autoconocimiento.
Jennifer Delgado Suarez

jueves, 30 de abril de 2020

DE LA EMOCIÓN AL SÍNTOMA FÍSICO



 Una emoción no expresada puede dar lugar a que se manifieste a través de un sintoma físico. El fluir del agua circulando libremente es el símbolo natural de las emociones. Hay personas que no se permiten completar el ciclo de una emoción determinada y la contienen una vez tras otra. Esto ocurre cuando existe una intención consciente de contenerla o bien cuando hay un patrón inconsciente que no permite su expresión.

En estos casos, la energía de la emoción se va acumulando en el cuerpo. Si la intención de contener una emoción es consciente, es posible permitir su liberación empleando para ello el movimiento corporal o energético. Si el patrón de contención es inconsciente, la energía de la emoción se acumula en el cuerpo. 

Según el tipo de emoción, esta se va acumulando en una u otra parte del cuerpo o en un órgano determinado. El cuerpo físico tiene una determinada resistencia y cuando esta se supera aparece el sintoma. Las emociones pueden manifestarse en distintas partes del cuerpo, principalmente en el área desde la pelvis hasta la garganta. El área abdominal es por excelencia el templo de las emociones, especialmente los órganos relacionados con la digestión. 

Las emociones tienden naturalmente hacia fuera, hacia su expresión. Distingo entre emociones calientes y frías por la dirección dirección que toman hacia arriba o hacia abajo respectivamente. Si bien el movimiento es ascendente en su origen, la acción del cuerpo mental puede enfriarlas y dirigirlas hacia abajo.

Una emoción caliente como el coraje o la ira va a seguir la dirección ascendente y se expresara naturalmente a través de la voz. Si hay una creencia en el cuerpo mental del tipo "no es bueno expresar el coraje", se bloqueara el paso para su expresión. Si también se le añade la creencia "el coraje es malo", la persona pensara que ella misma es mala también, dado que lo que esta sintiendo es real para ella.

Esto le podrá generar culpabilidad y tratara de tragar o empujar hacia abajo la emoción, enfriandola para que nadie la perciba, para esconder eso malo que cree que hay dentro de ella.

Lugares donde pueden almacenarse estas emociones. 

El área abdominal es la central que recibe la fuerza creativa de la emoción. Si se  intenta contener va a presionar en primer lugar la boca del estomago, que es el único lugar por donde puede subir. Lo hará en forma de acidez o reflujo. 

Si lo que intenta es guardar una pena o tristeza, lo usual es que lo haga en el pecho y que este proceso se manifieste a través de catarros, tos, bronquitis o mucosidad.

Un miedo a morir no expresado puede alojarse en los pulmones. Si la emoción se expresa verbalmente a medias o con dificultad, puede afectar la garganta.

Si la emoción se percibe como rabia, puede incluir un impulso inconsciente primario o ancestral de morder al oponente y cuando se reprime puede causar bruxismo o problemas dentales.

Cuando la emoción que se reprime esta relacionada con lo que uno esta viendo, podría manifestarse a través del enrojecimiento de los ojos.

En otro nivel, puede manifestarse en la piel, que es el limite entre dentro-fuera que separa a una persona del resto. El enrojecimiento o eccema es una forma de expresar esa misma emoción, ya convertida en fuego, de forma silenciosa. 

Las emociones frías, como la culpabilidad, la impotencia o la frustración, siguen una dirección descendente, del mismo modo que el agua fría tiende naturalmente a ir hacia abajo. El intento de "contenerse" o aguantarse puede manifestarse físicamente como incontinencia: cuando uno intenta contenerse, el agua acaba encontrando una salida.

Atendiendo a las funciones de los órganos, si uno vive algo que ni puede digerir, el sintoma se manifestara en el estomago, si no lo puede asimilar lo hará el intestino delgado, y si no lo puede soltar o eliminar, se manifestara en el intestino grueso o colon. Los aspectos de culpabilidad relacionados con lo sexual suelen manifestarse en la zona genital.

Puede que esto no sea así en todos los casos, pues el alma habla a cada uno de forma individual. Sin embargo, se ha podido comprobar que se dan estas fases sintomáticas en gran número de casos, y cuando la persona transforma el patrón de contención y expresa las emociones, los síntomas mejoran o desaparecen completamente.

miércoles, 29 de abril de 2020

LA AMISTAD



Dice el refranero español que "quien tiene un amigo, tiene un tesoro", una apreciación que resulta de lo más acertada. La amistad es uno de los mejores regalos que nos ofrece la vida. De hecho, un buen grupo de amigos puede resultar un apoyo mucho más sólido y duradero que el de la propia familia.

Sin embargo, no resulta nada fácil encontrar amigos leales y fieles en que poder confiar. La educación competitiva, la sociedad capitalista, las presiones y el estrés nos convierten en personas cada vez menos dispuestas a ayudar a los amigos cuando nos necesitan.  Muchos de nosotros hemos sufrido decepciones o traiciones por parte de aquellos a quienes considerábamos amigos. 

Estas son vivencias muy dolorosas, difíciles de asimilar.  

He conocido a muchas personas a las que, tras estos desengaños, les cuesta volver a confiar en la amistad. Temen que les vuelva a suceder lo mismo y, como medida de protección, cierran las puertas a la posibilidad de conocer a nuevas personas.

Para poner distancia con los demás y no volver a caer en una relación falsa y toxica, construyen una muralla emocional infranqueable. Esta estrategia de bloqueo, a corto plazo, parece funcionarles. Por supuesto, si no tienes amigos, no te decepcionaran. Pero esta decisión de bloquear las relaciones de amistad a modo de protección conlleva un grave efecto secundario: si no te abres, pierdes la posibilidad de conocer a personas que pueden llegar a convertirse en verdaderos amigos.

Optar por encerrarse implica entrar en un circulo vicioso del que resulta complicado salir. Las personas que se aíslan cada vez tienen menos relación con los demás y, con el tiempo, acaban volviéndose cada vez más oscuras y hurañas.

Confía en ti para volver a confiar en los demás

El peor daño que genera en nosotros una amistad tóxica es que su manera de actuar afecta a nuestra autoestima. De forma insidiosa, con sus comentarios o sus actitudes, incitan a dudar de nosotros mismos. Puede que tergiversen las circunstancias para hacernos quedar mal e inducirnos a pensar que realmente hemos obrado de forma correcta y que no merecemos tener amigos.

Si te a ocurrido a ti, tomate un tiempo para analizar la situación y repasar cual ha sido tu comportamiento. Seguramente, descubrirás que sus comentarios proceden de sus propios problemas, de una visión sesgada de la situación y que no tienen nada que ver con la realidad ni con tu forma de proceder.

Si tu intención ha sido buena y no has tratado de dañarles, no permitas que te afecten con su oscuridad. Al contrario habla contigo de forma positiva para volver a confiar en ti. De esta forma, te inmunizaras contra ese virus tan dañino de la traición y la desconfianza.

Deja un lugar a la amistad que si mereces

No debes permitir que estas experiencias con personas que te han tratado mal te afecten hasta el punto de cerrarte a iniciar una nueva amistad. Ya has visto que no eres tu quien tiene un problema, son ellas las que han actuado de manera egoísta y poco empatica. 

Para poder dejar espacio a nuevas relaciones que verdaderamente equilibran y son respetuosas, debes aprender a soltar, sin guardar rencor, a aquellos que te hirieron y te dañaron. Sacar de tu vida a estas personas tóxicas que te decepcionaron es un paso esencial para abrirte a encontrar otras amistades que sean honestas, que te aprecien y te quieran por lo que eres.

Es cierto que no resulta nada fácil encontrar verdaderos amigos y que es más que probable que, en nuestra búsqueda, suframos alguna que otra decepción. Sin embargo, al igual que los buscadores de oro podían pasar días y semanas para descubrir una buena pepita, conocer a una persona con la que conectemos de manera auténtica y sincera le otorga significado a todo el esfuerzo realizado.

En el mundo vive gente maravillosa que merece la pena conocer. No podemos estar seguros de si una amistad perdurará toda la vida o de si tendremos su apoyo cuando lo necesitemos, pero si confías en ti y en tu criterio, podrás darle una oportunidad a las nuevas relaciones, sabiendo poner distancia cuando sea necesario.

domingo, 26 de abril de 2020

DÍA 1º DE MAYO




DÍA 1º DE MAYO. DÍA INTERNACIONAL DE LOS TRABAJADORES

Los hechos que dieron lugar a esta celebración se sitúan en los albores de la revolución industrial en los Estados Unidos. A finales del siglo XIX Chicago era la segunda ciudad en número de habitantes de EE.UU. De todas partes llegaban miles de ganaderos desocupados, creando las primeras villas humildes que albergarían a cientos de miles de trabajadores. Estos centros urbanos acogieron también a emigrantes venidos de todo el mundo a lo largo del siglo XIX.

El 1º de Mayo de 1886, 200.000 trabajadores iniciaron la huelga, en Chicago las condiciones de los trabajadores eran mucho peor que en otras ciudades del país, y las movilizaciones siguieron los días 2 y 3 de Mayo. La única fábrica que  trabajaba era McCormik, fabricante de maquinaria agrícola, que aunque estaba en huelga desde el 16 de Febrero, se mantenía activa en base a los esquiroles.

El día 2 la policía disolvió violentamente una manifestación de más de 50.000 personas, y el día 3 se celebraba una concentración frente a sus puertas, cuando estaba en la tribuna el anarquista August Spie, sonó la sirena de salida de un turno de esquiroles, los concentrados se lanzaron contra ellos iniciándose una pelea campal.

Una compañía de policías, sin previo aviso, procedió a disparar a quemarropa sobre la gente lo que termino con 6 muertos y varias decenas de heridos.
El periodista Fischer redactor del Arbeiter Zeitung publico una proclama, que luego se utilizaría como principal prueba acusatoria:

Trabajadores: la guerra de clases ha comenzado. Ayer, frente a la fábrica McCormik, se fusiló a los obreros. ¡Su sangre pide venganza! ¿Quién podrá dudar ya que los chacales que nos gobiernan están ávidos de sangre trabajadora? Pero los trabajadores no son un rebaño de carneros. ¡Al terror blanco respondamos con el terror rojo!  Es preferible la muerte que la miseria. Si se fusila a los trabajadores, respondamos de tal manera que los amos lo recuerden por mucho tiempo. Es la necesidad lo que nos hace gritar: ¡A las armas!. Ayer, las mujeres y los hijos de los pobres lloraban a sus maridos y a sus padres fusilados, en tanto que en los palacios de los ricos se llenaban vasos de vino costosos y se bebía a la salud de los bandidos del orden... ¡Secad vuestras lágrimas, los que sufrís! ¡Tened coraje, esclavos! ¡Levantaos!.

La proclama terminaba convocando un acto de protesta para el día siguiente, el cuatro, a las cuatro de la tarde, en la plaza Haymarket. Se consiguió un permiso del alcalde Harrison para hacer un acto a las 19.30 en el parque Haymarket. Los hechos que allí sucedieron son conocidos como Revuelta de Haymarket.

Se concentraron en la plaza de Haymarket más de 20.000 obreros que fueron reprimidos por 180 policías, un artefacto explosivo estalló entre los policías produciendo un muerto y varios heridos. La policía abrió fuego contra la multitud matando e hiriendo a un número desconocido de obreros. Se declaró el estado de sitio y el toque de queda deteniendo a centenares de trabajadores que fueron golpeados y torturados, acusados de la muerte del policía.

La prensa se lanzó sobre los manifestantes reclamando un juicio sumario, y responsabilizando a ocho anarquistas y a todas las figuras principales del movimiento obrero. El 21 de Junio de 1886, se inició la causa contra 31 responsables, quedando finalmente en 8, las irregularidades en el juicio violaron todas las normas procesales de forma y fondo.
 Los juzgados fueron condenados; tres de ellos a prisión y cinco a la horca. Louis Lingg, alemán de 22 años para no ser ejecutado se suicidó en la celda.
José Marti, corresponsal en Chicago del periódico La Nación de Buenos Aires (Argentina), relato así la ejecución:

...salen de sus celdas. Se dan la mano, sonríen. Les leen la sentencia, les sujetan las manos por la espalda con esposas, les ciñen los brazos al cuerpo con una faja de cuero y les ponen una mortaja blanca como la túnica de los catecúmenos cristianos. Abajo está la concurrencia, sentada en hilera de sillas delante del cadalso como en un teatro... Firmeza en el rostro de Fischer, plegaria en el de Spies, orgullo en el del Parsons, Engel hace un chiste a propósito de su capucha, Spies grita: "la voz que vais a sofocar será más poderosa en el futuro que cuantas palabras pudiera yo decir ahora». Les bajan las capuchas, luego una seña, un ruido, la trampa cede, los cuatro cuerpos caen y se balancean en una danza espantable...

El Crimen de Chicago costó la vida de muchos trabajadores y dirigentes sindicales; no existe un número exacto, pero fueron miles los despedidos, detenidos, procesados, heridos de bala o torturados. La mayoría eran inmigrantes: italianos, españoles, alemanes, irlandeses, rusos, polacos y de otros países eslavos.

En memoria de aquellos héroes que dieron su vida por una mejora laboral y, una vida más digna para los trabajadores. No dejemos que su sacrificio sea en vano.

Carmen



viernes, 24 de abril de 2020

CUANDO ACEPTO LO QUE NO PUEDO CAMBIAR....



Cuando acepto lo que no puedo cambiar, me siento libre

Sabio es quien termina aceptando que hay cosas, personas y acontecimientos que no se pueden cambiar. Valiente es quien lejos de negar esas realidades o enfadarse ante lo que no puede controlar, elige aprender en silencio y seguir avanzando.

Cuando acepto que lo que no puedo cambiar se reduce mi sufrimiento y solo entonces me centro en aquello que sí puedo controlar. Porque la vida tiene ese componente caótico e inesperado que a menudo, escapa de nuestras manos, que surge libre, que nos sorprende con sus sinsentidos y su azar. Asumir este principio existencial es una herramienta para nuestra salud mental.

Admitamos, a lo largo de nuestra existencia nos han ocurrido cosas que jamás hubiéramos previsto. Aún más, algo que suele desesperarnos es ver cómo algunas personas actúan de pronto de un modo inesperado. Tanto, que es inevitable experimentar cierta decepción.  Todas estas situaciones pueden hacernos creer que nada, absolutamente nada está bajo nuestro control.

Como bien señalaba el psicoterapeuta Albert Ellis, hay tres monstruos que siempre vetan nuestra felicidad y los tres se basan en esa necesidad tan nuestra de que las cosas sean como deseamos. Esos tres grandes enemigos serían “la vida tiene que ser fácil, las personas tienen que tratarme siempre bien y todo lo que hago tiene que ser perfecto”.

La mente no admite el fracaso, el error o la decepción. Aún menos lo inesperado. Es más, tal y como nos indican varios estudios, nuestro cerebro está más preparado para soportar el dolor físico que la propia incertidumbre y aquello que escapa a nuestro control. Profundicemos un poco más en este tema.

Cuando acepto lo que no puedo cambiar puedo actuar de manera más acertada.

Hay aprendizajes que no vienen en los libros. Hay sabiduría que no aprendemos de nuestros padres. Hablamos sobre todo de esos hechos que llegan con la experiencia y que, de algún modo, nos cambian.

Nos hubiera encantado, por ejemplo, que aquella persona a la que amamos en el pasado, hubiera sido y actuado de otro modo. Pocas cosas nos hubieran gustado más que esquivar la adversidad, que haber tenido una bola mágica para prever ciertas cosas o eventos que tanto nos afectaron.

La vida no es un camino en línea recta. Es incierta, inesperada y tiene hasta unas pequeñísimas grietas por donde se filtra el caos. Asumirlo supone para cualquiera de nosotros un inmenso esfuerzo psicológico.

Señalaba Aldous Huxley que esto no nos pasaría si ya desde niños nos enseñaran filosofía. Porque esa área del saber entrena al ser humano en el saludable arte de dudar de lo aparente, de cuestionar lo que vemos y de aceptar el reino de la incertidumbre.

Sin embargo, la filosofía descuida un pequeño aspecto el cerebro necesita certezas. Nada nos ocasiona mayor sufrimiento que la sensación de no tener un control de lo que nos rodea. Es más, pensar que lo que hoy damos por seguro mañana puede desvanecerse es poco más que abismo de sufrimiento.

El sesgo del optimismo, una necesidad vital.

En un estudio llevado a cabo en la Universidad de Londres por parte del doctor Aaron Berker se demostró algo interesante. El cerebro tolera mejor el dolor físico que la incertidumbre. El simple hecho de saber que algo puede cambiar o que algo puede ocurrir de manera inesperada, nos sume en un estado de estrés y ansiedad elevado. Los niveles de cortisol aumentan y el cerebro entra en un estado defensivo y de alarma.

Es imposible vivir de ese modo. Tal y como nos señala el psicólogo y premio Nobel Daniel Kahneman, las personas mantenemos un optimismo algo sesgado para sentirnos bien. Asumimos de manera inconsciente que mañana será igual que hoy. Damos por cierto que quien nos quiere nunca nos hará daño, que no perderemos el trabajo, que lo que hoy es seguro lo seguirá siendo el mes que viene.

Sabiendo esto podríamos hacernos la siguiente pregunta: ¿es un error entonces mantener ese enfoque vital tan optimista? En absoluto, no lo es. Nadie puede vivir en “modo desconfianza” de manera permanente. Supondría un sufrimiento tremendo. No obstante, eso sí, podemos aplicar un enfoque muy saludable: asumir que hay cosas que no podremos cambiar y aceptar lo inesperado cuando haga acto de presencia.

Cuando acepto lo que no puedo cambiar; recupero el control

No es ninguna contrariedad. Cuando acepto lo que no puedo cambiar tengo un mayor control sobre mí mismo. ¿La razón? En esos momentos en que sucede algo inesperado, entiendo que a veces, no sirve de nada enfadarme, ni pelear, ni negar la evidencia. Hay cosas que ocurren y, como tal, hay que darles paso. Aceptarlas con templanza.

Es en esas circunstancias cuando se abren dos opciones: me hundo o reacciono. Un ejemplo, puede que alguien a quien apreciamos ha elegido no estar a nuestro lado cuando más lo necesitábamos. Ante algo así puedo llorar, echárselo en cara o sufrir el dolor de la decepción. Ahora bien, lo más acertado sería reaccionar: me he dado cuenta de que yo no soy importante para esa persona, por lo tanto no debería estar en mi vida. Paso página.

Cuando acepto lo que no puedo cambiar, recupero el control sobre mí mismo y me siento más libre. Cuando sucede algo complicado y adverso, no pierdo el tiempo preguntándome por qué ha pasado. Sencillamente, me digo a mí mismo qué puedo hacer y qué versión de mí debería aflorar en esa circunstancia.

Porque, a veces, cuando pasan esas cosas que nadie puede cambiar, es momento de cambiarnos a nosotros mismos para poder actuar del mejor modo.

Es una prueba valiente para la cual, debemos estar preparados. Reaccionemos.

Valeria Sabater