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miércoles, 1 de marzo de 2023

EXQUISITA MELANCOLIA



Hay un tipo de soledad que no tiene nada que ver con la desolación ni con la desesperación y que la medicina occidental tan solo está empezando a comprender. Se trata de una especie de cercanía profunda con tu propio ser, una intimidad con el paso silencioso de todo cuanto existe, una amistad profunda con la aflicción y con lo transitorio tanto dentro como fuera de nosotros.

Abrazas el hoy con todo tu amor mientras lloras en silencio por los sueños del ayer o por los mañanas que ya nunca serán.  

Hay una fragilidad que no tiene que ver con la debilidad, una exquisita sensibilidad hacia la triste majestuosidad de este mundo ordinario, una apertura vulnerable que no tiene nada que ver con cuanto dinero hayas conseguido ganar, con cuánto éxito hayas obtenido o con cuánto hayas fracasado en tu búsqueda de la perfección, ni con lo bonito o lo sano que sea tu cuerpo; tiene que ver con la ternura con la que estés dispuesto a acariciar las partes rotas del mundo, con hasta dónde estás dispuesto a sumergirte en las profundidades de la soledad.

Hay una exquisita melancolía que no es depresión, que no tiene nada de patológico -pues, de hecho, no contiene ningún yo en absoluto que pudiera presentar esas patologías-, Es como si el corazón se hubiese abierto completamente en un estallido y ya no fuese posible volver a cerrarlo nunca más, como si todo estuviese hecho del cristal más fino y se pudiese romper en cualquier momento; el sol podría dejar de arder, la respiración podría detenerse, un ser querido podría morir pacíficamente en tus brazos. 

Es como si ese pequeño pájaro que está posado en el árbol estuviese tejido con el hilo más fino; como si el charco frente a la puerta del supermercado tuviese una profundidad infinita pero ninguna superficie en absoluto; como si la luna no fuese más que el fantasma de un sueño y todo estuviese cerca; como si pudieras tocar el horizonte y susurrarles a las galaxias.

A veces, esta melancolía surge inesperadamente en medio de la noche, cuando no puedes conciliar el sueño y la luz de la luna crea sombras tenues a través de la ventana. O, en otras ocasiones, se presenta mientras caminas por el bosque con tu perro, al recordar lo que es sentirse libre o, al menos sentirse vivo. O puede llegar cuando menos lo esperas mientras estas cenando con tus amigos, deleitándote con .... la sal, sí, maravillado de que algo como la sal pueda existir, de que exista un mundo en el que haya condimentos que te alegren la comida, amigos y la posibilidad de encontrarse y estar juntos.

No trates de eliminar esta melancolía con medicamentos. En lugar de eso, sumérgete más profundamente en ella. Contiene información importante, y está deseando liberar todas sus energías sanadoras. 

No, los demás no te van a entender. Te dirán que estas deprimido, que eres demasiado autocomplaciente. pero tú sonreirás, porque nunca has pretendido que nadie te entienda. Tu ser es demasiado vasto, demasiado inmenso como para que te entiendan. No preferirías ninguna otra vida antes que esta vida imperfecta; escogerías una y mil veces con gratitud este mundo roto y devastado antes que un mundo perfecto pero disfrutado a medias, recordado solo parcialmente. Y los juicios de los demás son un precio insignificante que pagar a cambio de no tener que huir nunca más.

Reirás corriendo desnudo por las calles, arrojando al aire la poca ropa que te quede, mientras vienen corriendo a por ti para encerrarte. 

¡Eres libre! ¡Eres libre! ¡Y esta preciosa melancolía evitará que nunca jamás vuelvas a cerrar tu corazón!

Del libro La Senda del Reposo

Jeff Foster 

jueves, 13 de noviembre de 2014

SUFRIR POR ALGUIEN


 
** NO ES BUENO CREARSE DEPENDENCIAS. NO ES BUENO, PORQUE DEPENDER SIGNIFICA QUE UNO NO ES CAPAZ DE CUMPLIR LA PARTE QUE LE CORRESPONDE, SI EL OTRO NO HACE LA SUYA**

Cuentan que una bella princesa estaba buscando consorte. Aristócratas y adinerados señores habían llegado de todas partes para ofrecer sus maravillosos regalos. Joyas, tierras, ejércitos y tronos conformaban los obsequios para conquistar a tan especial criatura.

Entre los candidatos se encontraba un joven plebeyo, que no tenía más riquezas que amor y perseverancia. Cuando le llegó el momento de hablar, dijo: Princesa, te he amado toda mi vida. Como soy un hombre pobre y no tengo tesoros para darte, te ofrezco mi sacrificio como prueba de mi amor. Estaré cien días sentado bajo tu ventana, sin más alimentos que la lluvia y sin más ropas que las que llevo puestas .Ésa es mi dote...

La princesa, conmovida por semejante gesto de amor, decidió aceptar. Tendrás tu oportunidad: Si pasas la prueba, me desposarás. 

 Pasaron las horas y los días. El pretendiente estuvo sentado, soportando los vientos, la nieve, y las noches heladas. Sin pestañear, con la vista fija en el balcón de su amada, el valiente vasallo siguió firme en su empeño, sin desfallecer un momento. De vez en cuando la cortina de la ventana real dejaba traslucir la esbelta figura de la princesa, la cual, con un noble gesto y una sonrisa, aprobaba la faena. 

Todo iba a las mil maravillas. Incluso algunos optimistas habían comenzado a planear los festejos. Al llegar el día noventa y nueve, los pobladores de la zona habían salido a animar al próximo monarca. Todo era alegría y jolgorio, hasta que de pronto, cuando faltaba una hora para cumplirse el plazo, ante la mirada atónita de los asistentes y la perplejidad de la infanta, el joven se levantó y sin dar explicación alguna, se alejó lentamente del lugar.

Unas semanas después, mientras deambulaba por un solitario camino, un niño de la comarca lo alcanzó y le preguntó a quemarropa: 

¿Qué fue lo que te ocurrió?. Estabas a un paso de lograr la meta. ¿Por qué perdiste esa oportunidad? ¿Por qué te retiraste?
Con profunda consternación y algunas lágrimas mal disimuladas, contestó en voz baja:
No me ahorró ni un día de sufrimiento... Ni siquiera una hora... NO MERECÍA MI AMOR. 

EL MERECIMIENTO NO SIEMPRE ES EGOLATRÍA, SINO DIGNIDAD.

Cuando damos lo mejor de nosotros mismos a otra persona, cuando decidimos compartir la vida, cuando abrimos nuestro corazón de par en par y desnudamos el alma hasta el último rincón, cuando perdemos la vergüenza, cuando los secretos dejan de serlo, al menos merecemos comprensión. Que se menosprecie, ignore o desconozca fríamente el amor que regalamos a manos llenas es desconsideración o, en el mejor de los casos, ligereza.

CUANDO AMAMOS A ALGUIEN QUE ADEMÁS DE NO CORRESPONDERNOS DESPRECIA NUESTRO AMOR Y NOS LASTIMA CON SU INDIFERENCIA, ESTAMOS EN EL LUGAR EQUIVOCADO.

Esa persona no es merecedora del afecto que le prodigamos. La cosa esta clara: si no me siento bien recibido en el corazón de alguien, me voy. La misión de todos en este mundo es encontrar la felicidad, pero la real, no la que creemos que es. Nadie se quedaría tratando de agradar y disculpándose por no ser como les gustaría que fuera.

NO HAY VUELTA DE HOJA. EN CUALQUIER RELACIÓN DE PAREJA QUE TENGAS, NO TE MERECE QUIEN NO TE AME NI TE COMPRENDA, Y MENOS AÚN, QUIÉN TE LASTIME. Y SI ALGUIEN TE HIERE REITERADAMENTE SIN MALA INTENCIÓN, PUEDE QUE TE MEREZCA, PERO NO TE CONVIENE.