FESTIVIDAD DE LAS FALLAS
Desde
tiempos inmemorables, en muchos lugares de Europa, Asia y África se celebraban
las llegadas de los equinoccios y solsticios encendiendo hogueras. . Estas
manifestaciones en algunos casos han sido heredadas de pueblos tan antiguos
como los celtas, y algunas de ellas han llegado a nuestros días.
Se hacían hogueras de júbilo, para proteger los
bienes y tener prosperidad, se pedía a los dioses que los liberara del mal y
los desastres y, tener un futuro lleno de felicidad, festejaban bailando
entorno a las llamas o las saltaban. Se creía que el fuego era purificador y
que espantaba a los malos espíritus. El fuego encendido frente a las casas era
considerado protector.
La Iglesia, ante la imposibilidad de suprimir
estas populares tradiciones en muchos lugares de España, decidió absorberlas y
dedicarlas a los santos; de esta manera, las hogueras del solsticio de verano
se relacionaron con San Juan y las del equinoccio de primavera a San José.
Fue el fraile dominico Vicente Ferrer quien en el
siglo XV fomentó por libre la devoción al marido de la Virgen y padre putativo
de Jesús. El Gremio de Carpinteros, potente en aquella época, lo declaró su
protector en 1497, y San José se hizo tan popular que el arzobispo Juan de
Ribera lo declaro patrón de Valencia en 1609, título que todavía conserva.
Las Fallas como hoy las conocemos no se conocen
más allá del siglo XVIII. Muchos historiadores piensan que las Fallas vienen de
una antigua costumbre que tenían los carpinteros, los cuales para alumbrarse en
las últimas horas de la jornada, ya sin sol, utilizaban unos candiles que
sostenían en un palo a modo de candelabro llamado estai, astai, pagés o parot,
el cual situaban en el centro del taller.
Según esta teoría, era tradición que para celebrar el patrón del Gremio y el fin de las jornadas de invierno trabajando, se sacara el parot a la puerta del taller y se quemara junto a las virutas. Con el tiempo se añadieron más trastos a la hoguera, e incluso se vistió con ropas al parot para que se pareciera a una persona a la que se quisiera criticar, en la línea de la sátira. Con el tiempo se fueron añadiendo más elementos a esta primitiva figura conformando una pequeña escena. De esta manera, apareció la primera Falla.
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