jueves, 1 de octubre de 2026

Y LLEGO ....EL OTOÑO

 



Y LLEGÓ… EL OTOÑO

Después del largo y luminoso verano, el otoño llega invitándonos a cambiar el ritmo. La naturaleza comienza a recogerse y nuestro cuerpo también necesita realizar una transición suave que le permita adaptarse al descenso de las temperaturas, a los días más cortos y a la llegada del invierno.

No es únicamente un cambio de estación. El otoño representa un tiempo de adaptación, equilibrio y renovación.

Según la Medicina Tradicional China, durante estos meses la energía expansiva del Yang comienza a retirarse mientras aumenta progresivamente el Yin: la naturaleza dirige su fuerza hacia el interior. El Ayurveda también considera el otoño una etapa de transición, en la que dejamos atrás el predominio de Pitta, asociado al calor del verano, para entrar gradualmente en Vata, relacionado con el frío, el viento y el movimiento.

Y quizá nosotros deberíamos hacer algo parecido.

Preparar el cuerpo para el invierno

Durante el verano predominan los alimentos frescos, las ensaladas, las frutas y las bebidas frías. Con la llegada del otoño podemos comenzar poco a poco a introducir comidas más templadas y reconfortantes.

Calabazas, boniatos, manzanas, peras, castañas, setas, puerros o coles comienzan a ocupar nuestra mesa.

No se trata de cambiar nuestra alimentación de un día para otro, sino de acompañar al organismo en su adaptación natural al nuevo ciclo.

También empiezan a apetecer las sopas, cremas, verduras cocinadas y platos calientes que aportan sensación de bienestar y nos ayudan a recuperar ese calor que poco a poco comienza a desaparecer del ambiente.

El otoño también nos invita a soltar

Pero esta estación no habla únicamente de alimentación.

Observemos los árboles.

Antes de entrar en el silencio del invierno dejan caer sus hojas. No luchan por conservar aquello cuyo ciclo ha terminado.

Tal vez por eso el otoño sea uno de los mejores momentos para preguntarnos:

¿Qué necesito dejar atrás?

Hábitos que ya no nos benefician, relaciones agotadas, preocupaciones innecesarias, pensamientos repetitivos o situaciones que continúan ocupando un espacio que necesitamos para algo nuevo.

Depurar nuestra vida no significa solamente cuidar nuestro cuerpo. También significa liberar nuestra mente y nuestras emociones de aquello que pesa demasiado.

Podemos retomar el yoga, caminar, practicar ejercicio, respirar conscientemente, meditar o simplemente reservar unos minutos al día para estar en silencio.

Porque el otoño nos recuerda algo importante: también necesitamos espacios para volver a nosotros mismos.

Los tesoros de la mesa otoñal

La naturaleza es sabia y nos ofrece en cada estación alimentos especialmente apropiados para ese momento del año.

Entre los grandes protagonistas del otoño encontramos:

Calabaza. Rica en carotenoides y muy versátil. Podemos prepararla asada, en cremas, guisos o purés.

Castañas. A diferencia de otros frutos secos, contienen principalmente hidratos de carbono y poca grasa. Son uno de los alimentos más representativos del otoño.

Granada. Sus brillantes semillas aportan polifenoles y otros compuestos antioxidantes, además de convertir cualquier ensalada en una explosión de color.

Setas. Uno de los grandes regalos de los bosques otoñales. Aportan sabor, minerales y una enorme variedad gastronómica.

Boniato. Su característico color anaranjado revela su riqueza en carotenoides. Asado resulta sencillo, nutritivo y reconfortante.

Manzanas y peras. Dos frutas humildes y extraordinarias que podemos consumir frescas, asadas o cocinadas.

Uvas. Dulces y energéticas, contienen diferentes compuestos antioxidantes, especialmente en su piel.

Coles, puerros, apio y nabos. Verduras que comienzan a ganar protagonismo y que son ideales para sopas, cremas y platos calientes.

Avellanas y otros frutos secos. En cantidades moderadas proporcionan grasas saludables, minerales y energía.

Caquis, membrillos e higos. Los últimos colores dulces de una naturaleza que comienza lentamente a recogerse.

Entrar en otro ritmo

El otoño no debería vivirse como el final de algo, sino como la preparación para una nueva etapa.

Después de la expansión del verano llega el recogimiento. Después del ruido, el silencio. Después de mirar hacia fuera, quizá sea el momento de mirar un poco más hacia dentro.

La naturaleza no se entristece cuando caen las hojas.

Simplemente sabe que ha llegado el momento de desprenderse de lo viejo, conservar la energía y prepararse para volver a renacer.

Quizá nosotros también podamos aprender de ella.

Que este otoño nos encuentre más ligeros, más conscientes y preparados para recibir todo aquello que aún está por llegar.

FELIZ OTOÑO

Carmen & Elía

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