viernes, 2 de enero de 2026

GENEROSIDAD EGOCENTRICA



GENEROSIDAD EGOCÉNTRICA

“Si das para recibir es cuestión de tiempo que acabes echando en cara lo que has dado por no recibir lo que esperabas.”

(Erich Fromm)

Dentro del ‘club de buenas personas’ hay quienes dan desde la abundancia y quienes, por el contrario, dan desde la escasez. Es decir, quienes dan por el placer de dar y quienes, por el contrario, lo hacen con la esperanza de recibir. Centrémonos en estos últimos, indagando acerca de lo que mueve realmente sus acciones.

Muchos de estos ayudadores se fuerzan a hacer el bien, siguiendo los dictados de una vocecilla que les recuerda que ocuparse de sí mismos, de sus propias necesidades, es “un acto egoísta”. No en vano, están convencidos de que para ser felices la gente les ha de querer. Y de que para que la gente les quiera y piense bien de ellos han de ser buenas personas.

Movidos por este tipo de creencias, suelen ofrecer compulsivamente su ayuda, atrayendo a su vida a personas necesitadas e incapaces de valerse por sí mismas. Al posicionarse como ‘salvadores’, consideran que los demás no podrían sobrevivir ni prosperar sin su ayuda. De ahí que tiendan a interferir en los asuntos de sus conocidos, ofreciéndoles consejos aun cuando nadie les haya preguntado.

Sin ser conscientes de ello, pecan de soberbia, posicionándose por encima de quienes ayudan, creyendo que saben mejor que ellos lo que necesitan. Paradójicamente, su orgullo les impide reconocer sus propias necesidades y pedir auxilio cuando lo requieren.

Detrás de su personalidad agradable, bondadosa y servicial se esconde una dolorosa herida: la falta de amor hacia sí mismos, el cual buscan desesperadamente entre quienes ayudan, volviéndose individuos muy dependientes emocionalmente.

Esta es la razón por la que con el tiempo aflora su oscuridad en forma de reproches, sintiéndose dolidos y tristes por no recibir afecto y agradecimiento a cambio de los servicios prestados. En

algunos casos extremos terminan estallando agresivamente, echando en cara todo lo que han hecho por los demás. También utilizan el chantaje emocional, el victimismo o la manipulación para hacer sentir culpables a quienes han ayudado, esperando así obtener el amor que creen que merecen y necesitan para sentirse bien consigo mismos.

Antes de volver a ayudar a alguien, puede ser interesante que se pregunten qué es lo que les mueve a hacerlo, comprendiendo el patrón inconsciente que se oculta detrás de sus buenas intenciones. De este modo dejarán de acumular sentimientos negativos hacia aquellos que no les devuelven los favores prestados.

A su vez, también pueden acordarse que cada persona es capaz de asumir su propio destino, aprendiendo a resolver sus problemas por sí misma. En vez de comportarse como buenos samaritanos, su gran aprendizaje consiste en ser personas felices. Es entonces cuando comprenden que dar es la verdadera recompensa.

Esteban Pérez